
| La deuda interna de Hollywood | por Daniel Castelo & Daniel Celina |
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Alguna vez le tenía que tocar al maestro. La injusticia venía de lejos, desde casi el comienzo de la historia que Martin Scorsese escribió en el cine universal ni bien tocó una cámara.
En 1980 la cuestión fue más grave. A Raging Bull ("Toro salvaje") le tocó perder con Ordinary People ("Gente como uno"), liviana comedia dramática de Robert Redford, que además de ganarle a Scorsese, le ganó a David Lynch por The Elephant Man y a Tess de Roman Polanski. Toda una herejía. Y vinieron otras injusticias varias como La última tentación de Cristo, La edad de la inocencia, Casino, Buenos muchachos y Gangsters de New York y El Aviator, sus dos producciones anteriores a la que por fin alcanzó la estatuilla dorada. El punto es que Scorsese recibe su primer Oscar por su película menos personal, por una remake que no por excelentemente filmada deja de ser una obra menor en la lista de su filmografía, e incluso en la lista de las películas premiadas por el dorado galardón. Pero el premio a esta altura es un acabado reconocimiento a la carrera de un hombre que está instalado en el podio de los más grandes (no por nada la estatuilla al mejor director se la entregaron Francis Ford Coppola y Steven Spielberg... ah sí, también participó de eso George Lucas). El hombre recibió su merecida legitimación del bussiness, aunque la de la gloria ya la tenía hace rato. ¿Deudas de esta última entrega? ¡Ganó Happy Feet en lugar de Cars! ¿Cómo puede ser que tanta gente que hace cine de animación y vota ese premio se equivoque tanto? ¿¿¿Eh??? La obviedad de la noche: El premio al documental protagonizado por Al Gore, diciéndole al mundo todo lo que hay que hacer para parar la catástrofe climática pero el gobierno de Bill Clinton (del que él fue vicepresidente) no hizo. Castelo.
La fija que no podía serVarios medios ensalzaron desde el vamos –incluso desde antes de darse a conocer las nominaciones- a la trifecta mexicana Niños / Fauno / Babel, y ésta última fue considerada la gran candidata de la entrega. Una entrega confusa que -por ejemplo- no se detuvo a considerar la labor de DiCaprio en The Departed. Bien, el film de González Iñárritu sólo pudo alzarse con el galardón a la mejor música. ¿Decepción? ¿Sorpresa? ¿Shock? No. Si nos hubieramos percatado de que la especialidad del mexicano parecen ser los films sobre vidas cruzadas, y que el año pasado el premio mayor se lo llevó un film llamado Crash (Vidas Cruzadas), entonces llegaríamos a la conclusión de que era muy poco probable que la fórmula “vidas cruzadas” vuelva a ser reconocida con el máximo galardón. Entre amigos A excepción del oscar obtenido por Martin Scorsese (no repetiremos aquí lo que todos sabemos: “en realidad se lo merecía hace rato”) la repartija careció de momentos exaltantes ó emocionantes. El oscar al Tío Marty por Mejor Dirección era un imposible hasta el momento en que en el escenario irrumpieron Spielberg, Cóppola y Lucas para entregar dicho galardón. Steven es amigote de Georgie, de Francis y de Marty. Georgie no es muy amigo de Marty, pero se lleva de maravillas con Francis, y todos sabemos que Francis y Marty son al menos “un poco amigotes”. Y por más inverosímil que lo anterior pueda sonar, ponemos las manos en el fuego al afirmar que -exceptuando al olvidadísimo Clint, que es amigo de Steven- ni Greengrass ni González Iñárritu ni Frears son siquiera conocidos de la tríada entregadora. Lo (+) disfrutableUltimamente, lo más lindo de los Oscar son esos pequeños clips de criterio indefinido en los que se pueden apreciar pequeños fragmentos de enormes films de antaño. Si uno fuera hartero, hasta podría sugerir que dichos clips parecen ser una advertencia sobre lo buenas que eran las películas de aquél entonces y lo regulares que son las actuales. Sin contar, además, el infaltable clip con las personalidades fallecidas en 2006, un servicio divertido y peligroso para la comunidad cinéfila desatenta. El año pasado mucha gente cayó en cuenta del fallecimiento de Pat Morita a través de este oscuro servicio. Otro acierto de la noche fue el show de “sombras gringas” (por no decir “sombras chinescas”). Individuos sumamente elásticos que, recortados contra un fondo claro, formaban imágenes iconográficas de los films nominados. El momento de éxtasis llegó cuando los cuerpos oscuros rodearon a la anfitriona Ellen DeGeneres y la devoraron para conformar -siiiiii!- el logo/afiche de Snakes on a Plane.
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