
| El año que retornó el Cinerama | por Mariano Torres |
La historia se repite, dicen, y el séptimo arte hoy presenta argumentos de sobra para sostenerlo. Cuando allá por los años ´50 en los Estados Unidos de America apareció ese temible engendro cuadrado denominado "televisión", productores y realizadores cinematográficos vaticinaron una hecatombe: era el fin del cine, tal como se lo conocía. La obvia y directa competencia de la pantalla grande arrancaría a los espectadores de las ajenas butacas para devolverlos y encerrarlos en su hogar, dejando de lado la práctica semanal de acudir a la sala oscura del cinematógrafo. O, quizás, esto de la tv fuese sólo una moda o un invento más, y con el correr del tiempo todo volvería a ser como antes. Aún así, no había tiempo para perder ni mucho menos para arriesgarse. Al "Cinerama" le siguieron otras ideas de proporciones descabelladas, como el "Cinemascope", y además otros "gimmicks" (trucos publicitarios) buscaron demostrar porqué el cine es mejor que el sofá del living: desde las ingeniosas estrategias interactivas de marketing en la sala del "hermanito bastardo" de Hitchcock, William Castle, hasta la novedad de la pantalla "con relieve", también conocida como "3D". Hoy, más de 50 años después, sin nombrar un ganador o perdedor en la batalla "Cine vs TV" (podríamos llamarle "empate"), si bien el cinerama y el cinemascope parecen cosas del pasado, nuevas -o recicladas- tecnologías vuelven a las andadas de la mano del séptimo arte, para combatir un enemigo que ya no lucha en terreno analógico sino digital: internet, esa red global virtual, y sus compinches que sin ella no serían nada, como los reproductores portables, celulares con pantalla de video y, claro, la piratería. Hay quienes afirman que la industria cinematográfica agoniza, del mismo modo que el mp3 ha matado a la música y los pdfs suplantarán a los libros, ignorando que dichas ramas del arte jamás morirán: no gracias a su formato sino al lugar que ocupan en la cultura. "Mutación", sin embargo, parece una palabra más cercana a lo que está sucediendo: desde el 2008 a la fecha, se han inaugurado 31 pantallas 3D digital en la Argentina, sin contar la sala IMAX que proyecta en 70mm, y una sala VIP en un novedoso shopping, que permite deglutir como los dioses mientras el proyector esboza verdades y mentiras a veinticuatro cuadros por segundo.
¿Cambiará en algo el 3D nuestra forma de ver y sentir los films, o será tan solo otro intento de la industria de retener a sus volátiles espectadores? El fílmico o el hard-disk digital lo dirán, mientras algunos espectadores elegirán ver sus films con "espejitos" de colores (no literalmente, puesto que ahora los anteojitos son transparentes), otros optarán por una pantalla kilométrica en las afueras de la ciudad, algunos esperarán el estreno en dvd/blue ray y luego TV, una minoría selecta descargará contenido para su I-Pod/celular/Mp4/PSP/Nintendo DS, y la gran mayoría seguirá comprando de cuclillas en la calle, cometiendo un delito grave, gravísimo, para la MPAA (Motion Pictures Asociation of America). Y, seguramente, el cine continuará su rumbo como si nada, con más o menos butacas vacías, lejos de la extinción, adaptándose a su entorno tecnológico.
Bonus Track: Trailer The Wonderful World of the Brothers Grimm
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