
| Extraña invasión | por Jorge Falcone |
Periodista: - Qué película suya recomendaría a los críticos? Entrevista con Amando de Ossorio, en el documental El Último Templario.
Mediante él, uno accedía a una verdadera caja de sorpresas que bien podía contener desde un western spaghetti hasta una joyita de Ray Harryhaussen, pasando por aquellos entrañables bodrios nipones en que un artista anónimo ataviado con un caluroso disfraz no más digno que el del dinosaurio Barney paseaba su humanidad haciendo estragos a lo largo de una ciudadela de madera terciada… he considerado prudente organizar algunas ideas que -ahora que tengo herramientas teóricas para hacerlo- contribuyan a trascender el mero disfrute para poner en valor algunos méritos indiscutibles de ciertos títulos de aquella inolvidable producción. Sobre la definición de lo fantástico La teoría de los géneros -clasificación heredada de la biología- otorga al fantástico, con base en la literatura, el atributo de poner en tensión los presupuestos básicos de la lógica científica imperante, y le asigna no menos de tres sub clasificaciones. A saber... - El horror (campo sobre el que discurriera holgadamente Howard Phillips Lovecraft en su ensayo breve “El horror en la literatura”); - La ciencia-ficción (ilustrable recurriendo a los célebres nombres de Verne, Bradbury o Asimov); - El maravilloso (del cual la “Alicia en el País de las Maravillas” de Lewis Carroll suele ser mi ejemplo predilecto). Los casos que consideraremos a continuación se internan en un terreno no tan definido, y bautizado hace no mucho tiempo por algunos críticos de cine como bizarro, que estaría en condiciones de agrupar transversalmente expresiones propias de cada una de las clasificaciones antes mencionadas. Poca claridad aporta al término en cuestión el Diccionario Sopena de la Lengua Castellana, con su definición de “valiente, gallardo, generoso”. Obviamente, aquí se trata de una acepción más vulgar, y atribuida recientemente a “lo extraño”. Desde hace algunos años las nuevas generaciones vienen utilizando el término para agrupar en él a un cierto pastiche de manifestaciones prácticamente inclasificables por lo poco comunes. Si el denominador común que se les ha venido atribuyendo es el de cierto tratamiento freak o anárquico, que -en el caso del cine- encontraría a uno de sus más altos exponentes en el realizador norteamericano Ed Wood (para muchos, considerado el peor director de cine del mundo), ha llegado el momento de señalar mis diferencias. En rigor de verdad, nunca me satisfizo a pleno tal categorización, ya que -acaso con un criterio algo pasado de moda- vengo considerando que hay bueno y mal cine, en todos los géneros. Y me parece una clasificación algo antojadiza aquella que pretenda agrupar expresiones tan variopintas como el erotismo de vuelo bajo o el terror mediocre bajo un denominador común cuyos puntos de contacto -más allá de la existencia de algunas obras entrañables- no parecerían ser otros que la escasez de recursos materiales, la impericia técnica, o la falta de imaginación, condiciones estas distantes de la posibilidad de ser agrupadas para dar a luz un nuevo género. No obstante, como el término en cuestión parece haberse impuesto sin mayores resistencias al menos en ciertos círculos mayoritariamente juveniles… allá vamos pues, con todo respeto por el hecho consumado. El cine fantástico de los 60s y 70s: Contexto y emergentes destacables Aquí se pretende poner el foco de atención en el período histórico consignado en el título, y en tres enclaves específicos del mundo hispanoparlante, seleccionados considerando el impacto internacional de sus respectivas industrias culturales, con eje en el cine: España, Méjico, y Argentina.
En el primero de los casos, y tal como lo refieren especialistas calificados en la materia como Narciso Ibañez Serrador, a partir de 1961, a instancias de Jesús Franco (con su Profesor Orloff), Paul Naschy (con su hombre lobo Valdemar Daninski) y el impagable Amando de Ossorio (con su tetralogía de Los Templarios) la cinematografía ibérica encuentra a través del cine fantástico un resquicio en materia de erotismo y violencia mediante el cual burlar algunas de las estrictas restricciones impuestas por el franquismo. Como si fueran ingredientes imprescindibles del género, los jóvenes españoles de entonces acceden a sus primeros desnudos parciales y a las primeras imágenes gore (degollaciones, decapitaciones, mutilaciones) de la mano de estas producciones de clase B que no tardarán en hallar un nicho de mercado internacional específico, hasta convertirse hoy –algunas– en verdaderos productos de culto merced a su impronta innovadora y trasgresora de los límites fijados por su bajísimo presupuesto, así como por calendarios de rodaje que a veces no se excedían de una a cinco semanas.
|