Francia se zarpa

por Daniel Celina

 

Hablar de una nueva ola del cine demente francés no presentaría problemas desde el punto de vista fáctico (ya hay varios films que presentan elementos suficientes como para hablar, sin ruborizarnos, de tendencia). El problema se suscita al buscar un nombre para el supuesto movimiento. Haciendo gala de su inobjetable creatividad, ZonaFreak escoge Nouvelle Psychopathe ó, en su defecto, Nouvelle Délirant.

Tanto Daniel Castelo como quien suscribe supieron comentar a su debido momento el desmayo que provocó en un espectador desprevenido la proyección de À L´Intèrieur -foto izq.- en el último festival de Mar del Plata. Intentando dejar de lado sensibilidades e impresiones (ésas que a cada uno le caben de modo diferente), podemos decir que el camino abierto a cuchillazos por la Haute Tension de Alexandre Aja (muchacho que ahora se hace llamar simplemente “Alex Aja” y está buscando financiación para hacer Piranha 3-D) dejó gotitas enfermizas suficientes como para que una interesante simiente crezca en la simpática tierra natal de los Trintignat.

Frontièr(s) presenta –dependiendo de quien la observe, claro está- tres netos cortes: Neto corte reaccionario/neofascista ó Neto corte denunciante/contestatario ó Neto corte sátiro/tragicómico. Todo depende de cómo concluyas la visión, ó del crítico cinematográfico cuya reseña te dispongas a leer. Algo parecido al síndrome Natural Born Killers.

Resumiendo, un grupo de anormales violentos pretenden generar una super-raza (otra más) a fuerza de violentísimos métodos (muy gráficos todos ellos) pero sus ridículos deseos de reacondicionar el proceso de selección natural se ve maravillosamente impedido por una dama de pelo corto y adrenalina alta (como Cécile de France en Haute Tension) que es capaz, entre otras delicias, de liquidar a un grandote musculoso como Rubén Peucelle reventándole las entrañas y la columna vertebral contra una sierra sinfín. El gore alcanza aquí cuotas muy altas, y corre el peligro de dejar de llamarse gore pues (mal que nos pese) el “gore” siempre involucra una cuota de joda y aquí el nivel técnico de los FXs es una barbaridad. Frontièr(s) presenta tanta sangre en su metraje que el color rojo de la misma muta a negro, por acumulación y coagulación.

Calvaire -foto izq.-, por su lado, deja de lado el gore pero redobla la apuesta en materia de “incomodidad”: Un artista itinerante sufre un desperfecto mecánico en su camioneta y se ve obligado (sin miedo ni bronca ni paranoia) a transcurrir la noche en un hotel apartado de la civilzación regenteado por un viejito bueno, tierno e insoportable como un compilado de catorce horas de El Kairós del Padre Farinello. Por la mañana, con su camioneta aún sin solución mecánica, el artista decide pasear por los alrededores. Encuentra un establo abandonado donde un grupo de rudos campesinos se turnan para tener sexo anal con jabalíes (el montaje sonoro de esta escena es sencillamente escalofriante).

Sospechando que algo anda mal en ese lugar, nuestro héroe emprende el regreso al hotel, sólo para recibir un golpe en la cabeza y despertar de la contusión maniatado, rapado y vestido como una mademoiselle. El resto, como el título del film lo indica, es un auténtico calvario en el cual el muchacho sufrirá las de Caín en ese apartado pueblito donde todos son machos hipertrofiados que no han visto ni hablado ni tocado a un exponente del sexo opuesto en aproximadamente 436 años.

El film contiene un bellísimo plano secuencia que culmina en una toma cenital en cuyo abismo rebosa la maldad y la locura más absoluta. Factura técnica perfecta y lirismo bretón inobjetable que -se agradece- no termina de ocultar lo reventado de la trama pergeñada por Fabrice DuWelz y Romain Protat.

Sheitan probablemente sea el único film no pornográfico/hardcore/sórdido en el que se incluya sexo poco gentil con una damisela embarazada, amén de que la dama en cuestión se trate de una manifestación onírica o una mera polución nocturna. Un grupo de jóvenes transcurren la noche en una mansión apartada (otra más) donde se suceden toda clase de delirios incómodos, aparentemente llevados adelante por el hilo conductor (es un decir) de un lunático interpretado por Vincent Cassel, que aquí parece disfrutar muchísimo el hecho de abandonar por un par de horas su rol de sidekick de Jean Reno para componer a un muchacho que evidentemente no tiene ningún patito en fila.

El film mismo parece no tener ningún patito en fila, adentrándose en un bienvenido abismo de situaciones y escenas aparentemente carentes de sentido. Si el propósito de Kim Chapiron fue descolocar é incomodar con su obra, entonces Sheitan es un gol.

Concluye así este pequeñisimo informe que pretende establecer y reunir bajo un mismo nombre a cierto rosario de films angloparlantes que supieron, mal que bien, aportar una bienvenida cuota de frescura a nuestros sentidos agradecidos pero un poquito saturados de Jasons y Leatherfaces.

Como corolario, valdría recomendar el visionado del clásico Le sang des bêtes, sanguinoliento film de Georges Franju (Les Yeux Sans Visage) en el cual la bronca y tristeza de posguerra son expuestas con difraz de documental sobre un frigorífico francés donde los empleados juegan a la pelota con la cabeza recién cercenada (y aún plena de movimiento) de un ternero, una posta terapéutica bastante inusual que luego retomaría sin graficar (es apreciación personal) el señor Gaspar Noé en Seul Contre Tous, hablando de otra posguerra y de, por supuesto, otro tipo de carniceros.

Bonus Track

Martyrs, lamentablemente, no podemos incluírla en el artículo por que -aún hablada en francés y plena de elementos incómodos y sangre a raudales dignos del movimiento que pretendemos legalizar- fue realizada en Canadá por canadienses. Je. Este film de Pascal Laugier estuvo a punto de destrozar la presente tesis respecto a Nouvelle Psychopathe por el simple hecho de no ser francés, no obstante no podemos dejar de recomendarlo.

Una muchacha encolerizada (el elemento Haute Tension y Frontièr(s) se repite una vez más) se presenta en una casa familiar con muebles y personas de postal navideña para arruinar el desayuno a fuerza de justicia. Muy pronto presentaremos empatía con el pasado y el presente de la dama en cuestión, y seremos comprensivos con ella y la apoyaremos (en sentido figurado) del mismo modo que su amiga de toda la vida lo hace. Descubriremos, mientras tanto, hechos maravillosos como: 1) Un trastorno psicológico manifestado en el horrible alma en pena de una anciana, 2) Una señora que revive sin permiso cuando creíamos que sus pulmones recibieron más balas que el cuerpo de John Dillinger y 3) Una organización tenebrosa con objetivos muy tenebrosos llevados adelante a través de métodos muchísimo más tenebrosos. El primer acto de Martyrs es una verdadera patada a la mandíbula, y el segundo acto eleva los sentimientos de impotencia y sorpresa del espectador a niveles insospechados, sin contar el final que –probablemente- te deje con la boca un par de centímetros más abierta que la boca de la rubia gringa que grita desnuda en My Bloody Valentine.

Bonus Track: Trailer de A l´interieur

 

 
 
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