Pegándole a Tim Burton

por Daniel Celina

 

Siempre atentos a pisar el palito, desde hace un tiempito para acá llegamos a la conclusión de que cierto film de Tim Burton (The Nightmare Before Christmas) funcionó bien como estampita ó bandera para cierto grupo de gente -vaya uno a saber por qué- y desde entonces parecería obligatorio que sus obras estén fuertemente impregnadas de cierta clase de rémora estilística lúgubre y atribulada que (aclaremos) siempre nos agradó, pero que desde aquél entonces hasta aquí (Beetlejuice y Edward Scissorhands son anteriores) no acompañó del todo bien a las historias que el buen Tim narró en celuloide impreso, y todo eso ahora mismo empieza a hartarnos sólo un poquito.

Mars Attack no entra en esta teoría (el film es una gema extraña) y Batman tampoco (mal que nos pese, carece del típico estilo visual de Burton). Sleepy Hollow presentó altas cuotas de oscuridad, pero se mantuvo bastante a raya en cuanto a merchandising sensible, exceptuando una simpática calabaza a pocos minutos de iniciado el film, precediendo el decapitamiento del enorme Martin Landau. Lo mismo Planet Of The Apes, film donde aparece un espantapájaros antropomorfo típico de Burton en medio de un desierto colmado de macacos. Ése espantapájaros parece haber sido depositado allí sólo para recordarnos que esa película ascética y despojada también era producto del alma-mater del pin más vendido y la mochila más utilizada (sí, Jack).

Big Fish vomita sensibilidad freakie, pero carece de oscuridad lúgubre. Sweeney Todd vomita oscuridad lúgubre, pero carece de sensibilidad freakie.

(De todos modos, es preciso aclarar que el término vómito es una licencia estrictamente literaria basada en figurar la forma aluvional en que ambos ingredientes -sensibilidad y oscuridad- fueron vertidos en la pantalla. Nos agradaron ambos vómitos)

Lo que intentamos plantear desde aquí, intentando encender alguna clase de mecha, es que en la obra de Tim Burton la palabra “balance” dejó de tener significado desde aquél film protagonizado por Jack y Sally. Y que desde ése momento, concurrimos a las salas buscando algo de Burton que no sabemos bien qué es, pero que no parece estar allí al cien por cien como sí lo estaba hasta Jack.

Esperamos con ansiedad la visión de Burton respecto a Alice in Wonderland, y descontamos que será una verdadera obra de arte, pero al mismo tiempo lamentamos que el proyecto no fuera ofrecido (ó no llamara la atención) de, por ejemplo, cuarentones violentos onda David Fincher -a quien le perdonamos Benjamin Button- ó en su defecto viejitos piolas onda Terry Gilliam.

Y no cometeremos el error de decir que Tim Burton dejó seducir por (ó se la pasa intentando seducir a) el joven mercado Emo.

Bonus Track: Fragmento

 

 

 

 
 
Compartí