
| Pegándole a Tim Burton | por Daniel Celina |
Siempre atentos a pisar el palito, desde hace un tiempito para acá llegamos a la conclusión de que cierto film de Tim Burton (The Nightmare Before Christmas) funcionó bien como estampita ó bandera para cierto grupo de gente -vaya uno a saber por qué- y desde entonces parecería obligatorio que sus obras estén fuertemente impregnadas de cierta clase de rémora estilística lúgubre y atribulada que (aclaremos) siempre nos agradó, pero que desde aquél entonces hasta aquí (Beetlejuice y Edward Scissorhands son anteriores) no acompañó del todo bien a las historias que el buen Tim narró en celuloide impreso, y todo eso ahora mismo empieza a hartarnos sólo un poquito.
Big Fish vomita sensibilidad freakie, pero carece de oscuridad lúgubre. Sweeney Todd vomita oscuridad lúgubre, pero carece de sensibilidad freakie. Esperamos con ansiedad la visión de Burton respecto a Alice in Wonderland, y descontamos que será una verdadera obra de arte, pero al mismo tiempo lamentamos que el proyecto no fuera ofrecido (ó no llamara la atención) de, por ejemplo, cuarentones violentos onda David Fincher -a quien le perdonamos Benjamin Button- ó en su defecto viejitos piolas onda Terry Gilliam. Y no cometeremos el error de decir que Tim Burton dejó seducir por (ó se la pasa intentando seducir a) el joven mercado Emo. Bonus Track: Fragmento
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