Nos encontramos aquí, con un director que ha sabido anteponer los diferentes recursos artísticos de
la imagen por encima de los aspectos netamente técnicos, a la hora de llevar a la pantalla sus trabajos.
Lo que no significa que sus películas carezcan de contenido, ya que están repletas de simbolismos y
elementos oscuros (casi sádicos a veces) que se entremezclan en la vida de personajes que sienten
pero que no demuestran mas que con hechos sus sensaciones.
Director emblemático de por si, con pequeñas cualidades y virtudes fílmicas que bien lo podrían
convertir en un realizador de culto de fin de siglo.
A pesar de haber realizado mas de cuarenta obras fílmicas desde el año 1966, su primer éxito
mundialmente conocido llegó de la mano de la estupenda ZOO (una zeta y dos ceros) del año 1985,
que lo hizo acreedor de varios premios internacionales en festivales reconocidos.
En esta depurada, oscura y retorcida historia ya vemos, como este director pondera por encima de
muchos otros elementos, la composición excesiva y sobrecargada de los planos, ya sea tanto a nivel
de escenografía, como de utilización del lenguaje cinematográfico. Quizá sea el mejor ejemplo en este
film, los dos hermanos viudos filmando y experimentando con la putrefacción y la muerte, primero de
plantas y frutas, luego con animales y por fin con humanos, en ellos mismos. O la relación pseudo
necrofílica que estos mismos hermanos llevan a cabo con la sobreviviente del choque en que murieron
sus esposas. En fin, sin lugar a dudas, podríamos considerar a ZOO como la piedra angular de
Greenaway en cuanto a la expresión netamente personal. Y quizá, la mejor película que hizo.
Un tiempo antes que en esta película, podemos ver en El Contrato Del Pintor del año 1982 como su
personal visión plástica y estética del entorno se transforma en planos que evocan a viejos cuadros de
paisajistas ingleses de hace dos siglos atrás; y paralelamente nos cuentan una historia de negro
trasfondo (con algunas reminiscencias de la insuperable Barry Lyndon, del maestro Stanley Kubrick).
Sería también en este film, que empezaría a incorporar, esa característica música que va indicándonos
como los instantes transcurren con una tediosa paciencia. No es extraño que, a partir de ZOO, su
músico estable fuera Michael Nyman (el maestro compositor de la impresionante música de La
Lección De Piano de Jane Campion). Un compositor tan personal como experimental, que supo
entender los ritmos y tiempos de Greenaway dándole cierta sólida homogeneidad a sus películas (algo
así como Hitchcock-Herrman; Burton-Elfman; o Fellini-Rota).
Un homenaje mas que claro al Fellini de Satyricon o Casanova, lo podemos ver en la terrible El
Cocinero, El Ladrón, Su Mujer y Su Amante del año 1989, en la que lo macabro y sádico de su poética
se hace presente en forma palpable y clara: la secuencia del asesinato del amante bibliotecario,
obligado a engullir páginas y páginas de libros es morbosamente sutil, no tanto como la última cena del
ladrón (un delicado canibalismo barroco)...
La literatura clásica cobra gran importancia en este film, siendo la biblioteca, el entorno básico de la
relación entre la esposa y el amante que deben verse furtivamente como Romeo y Julieta en la obra de
Shakespeare.
Al igual que en ZOO, aparecen los perros aullando y mordiéndose en las calles, como metáfora
devastadora del comportamiento primitivo del ser humano ante la competitividad.
Aquí, Greenaway llevó al exceso los travellings paralelos, mostrándonos muy lentamente y a medida
que el filme avanza más lento aun, como el Restaurante por ejemplo se transforma en un gran escenario
teatral donde desfilan muy despacio, las cenas al ritmo de la cámara situada desde el punto de vista de
un comensal sentado a la mesa. Siete comidas, durante nueve días que se van dejando en evidencia
conel aumento de los planos secuencia.
Planos en los que los fondos comienzan a incorporar tanta importancia como la imágenes en primer
término. La pintura no deja de tener aquí su homenaje: "La Ultima Cena" de Leonardo Da Vinci, "El
Banquete de los Oficiales" de Frank Hals o "La Lección de Anatomía del Dr. Tulp" de Rembrandt para
el plano en que se reúnen alrededor del cadáver. Richard Bohringer como el ladrón esta excelente. Una
de las mejores.
El lento proceso de muerte que conlleva una introspección personal, hizo que Brian Dennehy nos
diera una interpretación sublime en El Vientre del Arquitecto del año 1987. En este filme, de morbosa
cadenciosidad y belleza, la agonía de la enfermedad del protagonista va mutando hacia estados internos
de desolación y silencio, cosa que Greenaway metaforiza con el arte Greco-Romano, tan estéril y
desabrido como esa próxima muerte. Una película bastante difícil de ver, si se toma real conciencia de
todos los aspectos mortuorios (en el sentido menos cinematográfico del término) y masoquistas que
tiene.
En Prospero’s Books o La Tempestad (como la conocimos aquí) del año 1991, Sir John Gielgud deja
a las claras, que no tiene nada que envidiarle a Sir Laurence Olivier a la hora de ser excesivamente
"shakesperiano" y manierista; pero en un entorno de ensueño y delirio, nuevamente muuuy cercano al
de Satyricon. Planos e imágenes simultaneas que se superponen a otros, escenas subdivididas y
encimadas junto a un sonido exagerado u onírico, llevan la imagen cinematográfica de Greenaway a los
terrenos del cómic art. Varios de sus pasajes mas oscuros nos remiten a la impresionante "Arkham
Asylum" del gran creador del noveno arte Dave McKean.
Así como lo hiciera McKean, Greenaway nos muestra collages, distintas texturas y superficies que
conforman todos y cada una de los libros del noble Prospero. Las voces en off del relator nos llevan a
las palabras textuales de la obra de Shakespeare (nuevamente) y adquieren un tono casi hipnótico y
melodramático, muy alejado de la atmósfera literaria original. (esta de mas aclarar que es una
excelente película para ver en tercera fila y con los ojos bien abiertos).
Conspiración de Mujeres del año 1988, nos lleva a un terreno en el que Greenaway exploró y explotó
los recuerdos de una niñez no muy placentera y traumática.
Inspirada básicamente en los cuadros "Los Juegos de Niños" de Brueghel o "Misterio y Melancolía
de una Calle" de DeChirico, la escenografía vuelve al terreno del ensueño y la fantasía retorcida de sus
otras películas, pero desde el punto de vista de un conflictivo infante.
En cuanto a sus trabajos extra cinematográficos, los ochenta estuvieron plagados de proyectos que
no llegaron a concretarse, pero algunos se transformaron en proyectos televisivos, documentales o
especiales, sin ir mas lejos su telefilm sobre la vida de Darwin es impecable. Pasando por toda la vida
del pensador y tomando de alguna manera parte opinante desde atrás de la cámara, el film es, amen
de sus cualidades documentales, muy interesante.
En el año 1997 y fuera de sus trabajos personales, fue invitado a rodar con la vieja cámara de los
Hnos. Lumiere para el documental Lumiere & Co. en la que compartió el honor con gente como Bigas
Luna, Arthur Penn, Spike Lee, Andrei Konchalowski, David Lynch, Abbas Kiarostami, etc.
Volviendo al cine, otra vez se utiliza a la literatura como protagonista implícita mas fuerte y clara en
Escrito en el Cuerpo del año 1996 (más aún que en El Cocinero... o La Tempestad) donde Greenaway
omenzó a acercar modismos y estructuras narrativas un tanto ajenas a sus anteriores películas y que
lo sitúan plenamente en un terreno mas cercano a la semiología que a la literatura convencional. Ewan
McGregor demuestra porque es un gran actor, intentando poner un poco de lógica "occidental" dentro
de la escritora anónima.
Con el devenir de los años, la obra completa de Greenaway se fue haciendo cada vez mas
estilizadamente creativa, excesiva y retorcida (más aun en sus últimas películas, en la que la
tecnología digital parece fagocitarse ávidamente su poética original), a su vez, los personajes de sus
historias fueron accediendo a estadios cada vez mas primitivos y rústicos. Si a esto le sumamos su
reciente fascinación por la cultura oriental, podríamos decir que su cine alcanzó narrativamente un
estilo mucho mas cerca de Kurosawa (por los cadenciosos planos secuencias) o de Ozu (principal
cultor del plano fijo), pero que todavía conserva el estilo visual barroco y exagerado que tanto le
fascinaba de Federico Fellini. No por nada, su anteúltimo proyecto 8½ Mujeres del año 1999, toma
el título de una película de Fellini y nos da una extraña relectura del clásico por parte de Greenaway.
Un director muy interesante, ya que a pesar de tener historias simples o poco atractivas, nunca deja
de fascinar desde su singular mirada, la bella pintura putrefacta del cine.
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