Es muy probable que el cine no tenga un realizador tan abiertamente autoconsciente de su cinefilia
y su hitchcockdependencia como Brian de Palma. Su filmografía, objeto de culto para miles de
seguidores en todo el mundo desde hace al menos dos décadas, es un excelente ejemplo de como
puede construirse una filmografía casi perfecta basándose en parámetros ya conocidos y revisitados
una y otra vez, pero con el pulso de quien sabe de donde mamó el oficio.

     ¿El hombre? Nació un 11 de Septiembre (ops) de 1940 en New Jersey,
Estados Unidos y creció disfrutando obsesivamente de las películas de Lord
Alfred Hitchcock, con la particular predilección del costado más voyeurístico
del director inglés.

     Cuenta la leyenda que en tiempos de su adolescencia, el Brian escuchó
a su madre quejarse de las sospechadas infidelidades de su padre, pero no
podía decirle nada porque nunca lo había visto con ninguna otra mujer. Al día
siguiente del comentario, el futuro realizador tomó la cámara de video
familiar y siguió a su padre hasta que consiguió las imágenes que
documentaron el adulterio. Todo un botón el nene.

     Con 28 años encima, y luego de varios cortometrajes, De Palma debutó
en el largo con Murder á la Mod ("Asesinato a la moda", 1968, * * * 1/2) un
film de suspenso clásico con toques de comedia "de nivel", lo que lo colocaba con una interesante
promesa en un cine que estaba comenzando una nueva etapa de revoluciones estéticas y temáticas.

     Luego vinieron otras comedias, que tuvieron en su cast al debutante Robert De Niro, quien filmaba
entonces sus primeros trabajos oficiales en pantalla grande (les precedió el film francés Trois
chambres à Manhattan, en 1968, donde no figuró acreditado) Greetings (1968, Oso de Plata en Berlín)
y The Wedding Party (1969) y Hi Mom´s! (1970). En 1970 también dirigió el drama Dyonisus, objeto
altamente buscado aunque difícil e localizar actualmente. Hasta que en 1972 tuvo la oportunidad de
poner delante de cámara a otro de sus admirados ídolos: Orson Welles, en la comedia Get Yoy Know
your Rabbit (* * *).

     Pero 1973 fue el año en que De Palma se recibió de hitchcockiano. Y lo hizo con Sisters
("Hermanas satánicas", * * * *), bizarra producción de violencia dura y conflicto psicológico en
permanente grado de ebullición, con una Margot Kidder jugando un doble rol insuperable.

    Phantom of the Paradise ("Un fantasma en el paraíso", 1974, * * *, Gran
Premio en Avoriaz) fue la perlita más freakkie, la película que quedó como
"esa" rareza de un director que luego sería de género para más tarde volver
a mutar, y hacerlo una vez más. El film es un musical con toques de
comedia espeluznante a la Rocky Horror Picture Show, pero con  el bonus
de haberse filmado un año antes.

     Quizá por la satisfacción del deber cumplido en la experimentación, en
el `76 don Brian volvió al suspenso con un combo de alto impacto:
Obsession ("Obsesión", * * *) y Carrie (* * * *, Gran Premio en Avoriaz).
Esta última, basada en la novela homónima de Stephen King, se transformó
de inmediato en pieza de culto del terror, gracias a su crudeza y ese viaje de
ida a la adolescencia femenina y su mundo de sangrientos miedos (en el
sentido hormonal del término). The Fury ("La furia", 1978, * * * 1/2) continuó
el proceso de regreso al suspenso, interrumpido a fin de década por ese buen chiste llamado Home
Movies ("Películas caseras", 1979, * * *) donde De Palma mostró por última vez su cara cómica.

     Los años ´80 fueron los que marcaron la consagración definitiva de De Palma como realizador del
mejor cine de suspenso, la década que lo eligió como el representante de Hitchcock en la tierra de los
vivos.

     Y el show no podría haber comenzado de mejor modo. Dressed to Kill ("Vestida para matar",
1980, * * * *) mostró a un director metido de lleno en lo más sórdido del género, constructor de una
trama macabra y certera. El film transformó a Angie Dickinson en símbolo sexual de esos años,
gracias a un par de escenas de alto voltaje.

     La línea continuó con Blow Out ("El sonido del miedo", 1981, * * * 1/2) un
thriller con John Travolta de una factura impecable, con De Palma trabajando
el silencio como en ninguno de sus otros films. La minuciosidad de los
detalles sonoros -el personaje de Travolta es sonidista- y el complejo
entramado técnico general, lo vuelven uno de sus trabajos más importantes.

     Después de The Godfather I y II, Serpico, Tarde de perros y Cruising, Al
Pacino cayó en manos de De Palma con el protagónico de Scarface (1980,
* * * * 1/2), donde Oliver Stone volcó todo su poder de violentar la pantalla en
un guión visceral y casi gore, donde el pulso de la violencia marca cada
segundo de cine, cada tramo de cinta filmada. Un trabajo mayor para un
director que, también, podía hacer cine de gangsters.

     Body Double ("Doble de cuerpo", 1984, * * * 1/2) la más De Palma de
todas porque es la más Hitchcock de todas, con ese gran homenaje/plagio-descarado a Rear Window
("La ventana indiscreta", 1954) uno de los films más populares de don Alfred. Un voyeur espía por la
ventana a una vecina y termina presenciando su asesinato. Todo dicho.

     Lo que restó de los ´80s no fue demasiado brillante (Wise Guys, 1986 y Casualties of War, 1989)
salvo el atractivo -aunque barroco- trabajo realizado en The Untouchables ("Los intocables", 1987,
* * * 1/2) donde se permitió homenajear a Bronenosets Potyomkin ("El acorazado Potemkyn", 1925)
de Sergei M. Eisenstein y su inmortal secuencia de la escalera de Odessa -años después parodiada
en Naked Gun 33 1/3 ("La pistola desnuda 33 1/3", 1994).

     Como una suerte de entremesse, De Palma en 1990 se dio otro gusto
personal que perseguía desde hacía varios años: dirigir una novela del gran
Tom Wolfe, The Bonfire of the Vanities ("La hoguera de las vanidades",
* * * 1/2), trabajo hecho casi a media máquina pese a la expectativa del
propio realizador, filmada de taquito pero con un elenco que, al menos, le
aseguró una taquilla aceptable: Tom Hanks, Bruce Willis y Melanie Griffith.

     Con Raising Cain ("Demente", 1992, * * * 1/2) el hombre volvió a la fuente
de muerte y sangre, salvo que a bordo de una producción más simple en lo
formal, con menos encrucijadas técnicas y más acción, a la que colaboró un
formidable John Lithgow (3rd Rock From the Sun) como el psicópata de turno.
A esta le siguió un trabajo formidable junto a Al Pacino, en Carlito´s Way
(1993, * * * *) donde el tufo a mafia nuevamente copa la parada y donde De
Palma se lució en una obsesiva persecución de modos y señas del gangs
style de alto vuelo.

     Pero sin dudas, Mission: Impossible (1996, * * * *) fue la película que lo catapultó a la masividad
absoluta, por un trabajo de deconstrucción admirable, en torno a -otra vez- una serie clásica. El
catódico trabajo en grupo de los ´60 se disolvió a medida que pasaron los minutos en la trama, y Tom
Cruise se transformó, en menos de dos horas, en el más cabal héroe moderno del cine de Hollywood.
Otra misión fue la de 2000, Mission to Mars ("Misión a Marte", * * * 1/2) donde un dream team de
astronautas llega al planeta rojo y se encuentra con una luz vaginal que expulsa a los invasores al
mundo del que vinieron.

     Dos años antes de Marte fue el turno de Snake Eyes ("Ojos de serpiente", 1998, * * * 1/2) donde
Nicolas Cage demostró que puede ser el más insufrible de todos si de sobreactuaciones concientes
se trata y donde De Palma demostró que puede armar planos secuencia mentirosos tan bien como su
maestro Hitch. Dos años después, Femme Fatale llegó para confirmar que a los 62 años el maestro
estaba en su mejor forma (leer crítica). Para el 2004, De Palma está preparando un film de terror sobre
un american psycho que no viola ni asesina sino que utiliza su cerebro para dejar en coma a sus
víctimas.

     Salud Brian, y que don Alfred lo siga iluminando.

Brian De Palma
Al maestro con cariño
por Daniel Castelo

volver