Mr. Bean
Un grito (en silencio) de corazón

por Mariano Torres

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- Crírtica de Las vacaciones de Mr. Bean

 

 

 

 

El personaje principal viste con un traje casi anacrónico, y aunque le suceden todo tipo de cosas ridículas y le acontecen situaciones extremadamente absurdas, no exclama una sola palabra. Eso sí, gesticula (y mucho).

Mezcla de la genialidad de Charles Chaplin y la inigualable comicidad de Buster Keaton, este aniñado hombre conocido como Mr. Bean (o, mejor dicho, Rowan Atkinson, actor y creador del personaje) despliega un histrionismo increíble que le permite arrancar carcajadas de un humor en apariencia simple pero, en el fondo, sofisticado e inteligente.

Nacido a principios de los años ´90, el fenómeno Bean surgió como nuevo bastión de la envidiable comedia inglesa: lejos del corrosivo y posmoderno humor de los Monty Python (a quien, dicho sea de paso, Atkinson de todos modos respeta) y más cerca de un clasicismo que lo relaciona con el cine mudo, Bean deja entrever además un bienvenido toque de incorrección política acorde a los tiempos que corren (que se nota más en la serie que en las películas, vale aclarar).

Y el estreno fílmico de Las vacaciones del Sr. Bean no hace más que corroborar que las desventuras del insólito personaje de pocos diálogos sigue más vigente que nunca: sin haber alcanzado la distribución comercial en los Estados Unidos, y recién estrenada en Latinoamérica, la película lleva ya recaudados más de 140 millones de dólares solo en Europa.

Esta secuela, de todos modos, y al igual que su predecesora, no presenta los mejores momentos del grotesco personaje. De hecho, si hubiese que hacer un top 5 de los mejores sketchs del mismo, ninguno de ellos pertenecería a su paso por la pantalla grande. Y así, con total subjetividad como corresponde, proponemos dicho ranking:

Mr. Bean Goes to Town: Nuestro protagonista va a la Iglesia y, como es de esperarse, altera hasta a los clérigos. No solo se queda dormido y ronca a más no poder, sino que, cuando despierta, para colmo, no recuerda los salmos y canta cualquier cosa. De fondo, se oye la voz del sacerdote que predica o, mejor dicho, balbucea una incongruente sarta de ‘bla bla bla blas’. Esta voz en off, lógicamente, pertenece también a Rowan Atksinson.

Tee Off Mr Bean: El deporte y Bean no se llevan de la mano, especialmente porque el segundo, cuando le agarra el gustito al juego, se obsesiona y no descansa hasta conseguir su objetivo. Un palo de golf y una pelotita mal golpeada se encargan de los más graciosos momentos del capítulo -podés verlo completo en la columna YouTube Freak!-.

Good Night Mr. Bean: El insomnio es un mal difícil de combatir, más aún cuando se lo hace con recursos tan ridículos como disparatados. Nuestro hombre de los mil gestos lo hace improvisando un disfraz de perro, ladrándole a un gato del otro lado de la calle para que haga silencio, y se las rebusca para apagar la luz del techo sin levantarse de la cama: para ello implementa un peculiar método algo brusco, que consiste en dispararle con una 9mm a la lamparita desde su cómodo catre.

Mind the Baby Mr.Bean: Uno de los momentos más hilarantes de toda la serie: el despistado Bean  pasea en su diminuto automóvil y, sin darse cuenta, engancha en el paragolpes trasero del coche un carrito de bebé.

Merry X-Mas Mr.Bean: Delirio en nochebuena, con un Mr. Bean inocentón que le hace el regalo más inesperado (y estúpido) a la que parece ser su ¿pretendiente? Otros momentos antológicos incluyen un enorme pavo navideño incrustado en la cabeza, y un apagón accidental que deja a toda la ciudad sin luz.

 
 
     

"Tee Off Mr. Bean "-parte 1-

 
"Tee Off Mr. Bean"-parte 2-
 
"Tee Off Mr. Bean"-parte 3-