Todo yakuza tiene su trainspotting

por Daniel Castelo

Dead or Alive (Dead or Alive: Hanzaisha) Japón. 1999. 105´ Dirección Takashi Miike. Guión Ichiro Ryu. Montaje Yasushi Shimamura. Fotografía Hideo Yamamoto. Música Kôji Endô. Con Riki Takeuchi, Sho Aikawa, Renji Ishibashi, Hitoshi Ozawa, Shingo Tsurumi. Editada en Argentina por SBP.

 

 

Militantemente demencial y adrenalínicamente contraindicada para la salud mental del espectador. Así es la secuencia que da inicio a este film de culto de Takashi Miike, el director más prolífico de Oriente (a razón de cuatro películas por año) y uno de los más interesantes personajes del medio cinematográfico en todo el mundo.

Dead or Alive es una de yakuzas, pero no una màs. Y no sólo porque se anime al sexo explícito, a la violencia ridículamente gratuita y al consumo de drogas exacerbado, sino porque lleva lo formal a un lugar incómodo, sobre todo en ese comienzo lisérgico, clipero y radical.

La trama es simple: dos bandos pelean por el dominio del barrio Shinjuku, en Tokio, y el comercio de drogas en Taiwán. En el medio, un detective de la policía que intentará combatirlos.

Pero lo que menos importa, pese a ser un trabajo que escape a la media del género, es la estructura argumental. Miike aprovecha la anécdota que nos cuenta para sumergirse en un baño de guarradas que van mucho más allá de lo que él mismo fue en la mayor parte de sus películas. Los personajes están al límite como suelen estarlo en el territorio de su creador, las situaciones por las que pasan, mucho más.

Es necesario volver al inicio, a esa especie de inyección de de adrenalina con la que el film acelera ni bien enciende el motor. Frena de golpe y sigue y te hace chocar con tu televisor y atravesás la pantalla y caés en el universo de lo bizarro por lo bizarro mismo y sentís que si el cine fuera siempre así las cosas podrían ser mucho mejores y creés que querés que los 105 minutos de cinta sean así y que la velocidad no baje y quién fue el tipo que le puso a Takashi una cámara en la mano y cómo es que esa cámara puede transformarse tan así nomás en un arma de destrucción masiva de cerebelos tranquilos y mirá como se mueve esa chica alrededor del caño y mirá si Hollywood se animara a meter el pie tan a fondo así alguna vez y cómo puede ser que estando sentado en un sillón tan burguesmente cómodo yo pueda sentir semejante catarata de acción tan sólo con poner mis ojos en esas imágenes y andá a saber si en verdad no es toda la película así.

No. No lo es; la acción termina y empiezan los diálogos. Y después, claro, vuelve la acción, pero con el acelerador más tranquilo. Porque Miike estará rematadamente loco, pero su racionalidad le alcanza como para saber que uno necesita respirar, que desgraciadamente no estamos en el plano de demencia creativa en el que él vive.

Dead or Alive es una necesaria cachetada, o dos, o tres. Es acción ultraviolenta, sexo prepotente y apología de las drogas. Es todo eso y un poco más. Porque con T-M siempre hay un poco más de lo que se supone que debería haber en el cine.

Bonus Track

- Ya hemos mencionado en este site pero no está de más repetirlo y remarcarlo: Takashi Miike es un multiproductor, un realizador obsesivo que con 46 años de vida ya tiene en su haber más de 60 largometrajes terminados y estrenados.

- La película tuvo dos secuelas; Dead or Alive 2: Tôbôsha, una muy buena continuación, y Dead or Alive: Final, que no es tan atractiva como las otras, pero que cumple como para cerrar la trilogía.

- Si no viste nada de Mr. Takashi, conviene empezar por acá. Después sólo es cuestión de dejar pasar unos minutos tras el "the end" y verás como la abstinencia hará que quieras ver cualquier otra lo más rápido posible.

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"Dead or Alive " -trailer-