Te extrañábamos, Johnny

por Daniel Castelo

Duro de matar 4.0 (Live Free or Die Hard) EE.UU. / Gran Bretaña. 2007. 130´ Dirección Len Wiseman. Guión Mark Bomback. Montaje Nicolad De Toth. Fotografía Simon Duggan. Música Marco Beltrami. Con Bruce Willis, Justin Long, Timothy Olyphant, Maggie Q., Cliff Curtis, Mary Elizabeth Winstead, Kevin Smith. Estudio 20th Century Fox.

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Top 5 Bruce Willis, por Daniel Castelo

1. Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994) 2. Die Hard (John McTiernan, 1988) 3. 12 Monkeys (Terry Gilliam, 1995) 4. Unbreakable (M. Night Shyamalan, 2000) 5. Live Free or Die Hard (Len Wiseman, 2007)

 

 

Notable logro el del director Len Wiseman: logró alcanzar la gloria a la que llegó aquel clásico de clásicos del cine aventurero. Porque, amigos, Duro de matar (John McTiernan, 1988) si no es la más grande película de acción de todos los tiempos, le pega en el poste.

Pero centrémonos en esta nueva entrega, liderada una vez más por Bruce Willis y con el foco puesto en las nuevas tecnologías y, sobre todo, en el contraste entre los años pasados y este presente cada vez más veloz en sus avances hi tech.

John McClane (Willis, por si hace falta aclararlo) aquí se enfrenta a lo que en principio parece ser un cyber-anarco, aunque no tardamos en descubrir que sólo se trata de un ex empleado de la Casa Blanca despechado tras haber sido echado luego de los atentados de 2001.

Nuestro héroe debe custodiar a un nerd que colaboraba con el villano y que casi es asesinado durante un atentado. Y, por supuesto, de paso peligra la seguridad de Manhattan, New York y, quizà, el planeta todo, como suele suceder cada vez que Estados Unidos es amenazado por algo.

Len Wiseman (el mismo de la irregular saga Underworld) no ahorra espectacularidad para poner a Willis una vez más en el centro del buen cine de aventuras. Gracias a esto, el pelado adrenalínico no se permite dudas y, entre otras guarradas, hace explotar un helicóptero enemigo arrojándole un auto (¡!) y se trenza a trompada limpia con una sexy villana karateka, todo esto sin dejar de poner un poco de añoranza en primer plano y hacer lo suyo en el hueco de un ascensor, aunque en este caso nadie cae decenas de pisos abajo atravesando una ventana.

Hay un claro posicionamiento del héroe romántico, pero no al estilo bobalicón de Clark Kent llevándole flores a Louisa, sino en la línea de un caballero medieval clavado en pleno siglo XXI, centuria que definitivamente no cuadra con el hombre que llegó al cenit fílmico en los 80s, años en que lo digital se vislumbraba como cosa del futuro. Tenemos aquí a Willis/McClane custodiando a un cyber-joven, a un chico que en medio de un tiroteo pela una palm recargada de tecnología y se mete en lugares impensados para el tipo que sólo conoce de armas automáticas y buenos chistes en el momento justo.

Pero a bordo de un guión milimétrico y una dirección ajustada hasta la cuasi perfección, el teniente newyorkino cumple su misión con la solidez que uno podía esperar y desear, y con la barra de heroicidad tan al palo que muy probablemente haga empalidecer al nuevo y seguramente anacrónico Rambo que Stallone presentará en poco tiempo más. Podría decirse, además, que la proeza del protagonista va en paralelo y al mismo nivel que la del hombre que maneja los hilos técnicos, un verdadero paladín de la secuencia potente y del plano al borde de un ataque de presión alta. Todo un grito de "acción", detrás y delante de la cámara.

McClane, una vez más, y tal como lo dijo en los films anteriores -pero aquí lo recuerda en boca de un enemigo- está, una vez más, en el momento equivocado y en el lugar equivocado. Salvo para nosotros, que una vez más nos encontramos con el mejor cine de acción y aventuras disponible, y con nuestro héroe intacto.

 

Mc Clane, John McClane...

por Mariano Torres

El mayor héroe de acción de todos los tiempos no es más que un simple policía con la habilidad de estar siempre en el lugar equivocado y en el momento equivocado. Cada vez con menos pelo, menos entusiasmo y menos predisposición para los trabajos duros, el hombre que nunca se rinde -aunque tenga cara de querer hacerlo- tiene nombre y apellido: Bruce Willis… eh, perdón… John McClane… ¿o serán la misma persona?

Cuando en 1988 el director John McTiernan (el mismo de otras joyitas como Predator, Last Action Hero y La caza del Octubre Rojo) decidió volar en pedazos el Nakatomi Plaza -ese imponente edificio de cuarenta pisos situado en Los Angeles- jamás imaginó que no solo estaría catapultando por los aires a sus stunts y dobles de riesgo sino también al querido Bruce. Y que jamás lo imaginó no parece ser mera suposición, ya que Willis fue recién la quinta opción para el rol protagónico: el papel fue pensado antes para Schwarzennegger, luego Stallone, Burt Reynolds y/o Richard Gere. Ninguno aceptó, y el resto es historia.

La simbiosis fue perfecta, tanto que, de manera no oficial, se repitió reiteradas veces en la filmografía del carismático actor y para ese entonces marido de Demi Moore: desde El último boy scout (de Tony Scott) hasta El quinto elemento, sin olvidar films menores como Alguien sabe demasiado y la reciente 16 calles (de Richard Donner, donde el personaje de Bruce es sospechosamente similar al McClane de Duro de Matar: La venganza).

Y hoy, con esta cuarta entrega de Die Hard, se repite una vez más, pero esta vez (aunque tristemente con otro director), de manera oficial: McClane es el mismo policía gruñón de siempre, audaz, arriesgado y en cierta medida lunático (basta ver el trailer del nuevo film para notar que la mejor idea que se le ocurre a nuestro héroe para explotar un helicóptero es tirarle un auto encima). Un héroe al que ni siquiera el tiempo parece haberle afectado, ni los clichés, ni las repeteciones. Un héroe que resiste balaceras, explosiones, atentados terroristas, y trabaja siempre en vísperas de feriados (Navidad en las tres primeras partes, el 4 de Julio en la última). Todo un sobreviviente en un mundo que no premia a los héroes, más que con medallas y efímeros honores. ¿Por qué lo hace McClane, entonces? Quizás, como bien se explica en esta nueva película, justamente por eso: porque alguien tenía que hacerlo…

     
 

"Live Free or Die Hard" -4 minutos del film-