La nueva ola de los fab four

por Mariano Torres

Los cuatro fantásticos y Silver Surfer (Fantastic Four: Rise of the Silver Surfer) EE.UU. 2007. 92´ Dirección Tim Story. Guión Don Payne & Mark Frost. Montaje Peter S. Elliot, William Hoy, Michael McCusker. Fotografía Larry Blanford. Música John Ottman. Con Ioan Gruffudd, Jessica Alba, Chris Evans, Michael Chiklis, Julian McMahon, Kerry Washington, Laurence Fishburne. Estudio 20th Century Fox.

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Como si un hombre con poderes arácnidos y un vengador fantasma andando en moto fuesen poco, vuelven en este 2007 Los Cuatro Fantásticos. Y lo hacen duplicando su apuesta: si en el primer film estaban ellos solos contra el mundo de los villanos, ahora se les agrega el enigmático T-2000... perdón, Silver Surfer, y desde el lado oscuro retorna Victor Von Doom, pero no es ya él la única amenaza, pues Galactus está cerca.

Así parece ser el universo de Stan Lee (que tiene explícitos y ya cada vez menos sutiles cameos) y así parece ser la regla de las secuelas: más es mejor. Todo se duplica, todo explota el doble, cada vez más situaciones increíbles sobrepasan el límite (¿lo tendrá?) de la parafernalia visual/digital, y cada vez menos, eso sí, se desarrollan los personajes.

Y es que esa es la principal falla de este segundo film, donde curiosamente triunfaba la primera parte: los personajes. El narcisista Johnny Storm (Chris Evans) parece repetir las mismas frases del capítulo uno, y no aporta ni aprende demasiado en esta segunda entrega, mientras que su hermanita, Su Storm (Jessica Alba), hasta cae presa de los mismos chistes del guionista de la anterior parte: sí, en determinado momento, vuelve a perder la ropa, y se pregunta "por qué me pasará siempre a mí?". Mientras tanto, Ben Grimm (Michael Chiklis), aunque parezca ser de piedra, es el único que mantiene la calidez de su personaje. Y Reed Richards, el hombre elástico, encarnado nuevamente por Ioann Gruffudd, parece adquirir una nueva habilidad: cuando dice sus parlamentos y actúa, es también de madera.

La historia, por más que sabe a deja vu, remite a cualquier otro film donde una presencia mala, muy mala, intenta destrozar al mundo, y no descolla originalidad (ni lo pretende, adaptando a medias el comic), hay que reconocerlo, entretiene.

Silver Surfer, ese intrigante ser que vuela con los poderes de lo que parece una tabla de surf (de allí su nombre), llega al planeta tierra para traer una poco feliz noticia: al mundo le quedan apenas ocho días de vida. Después de pasado ese tiempo, Galactus (especie de deidad a quien el mismo sirve) se encargará personalmente de devorar al planeta como si se tratase de una enorme albóndiga.

Queda entonces en manos de los 4-F (que no tienen descanso ni para casarse entre ellos, al menos no Su y Reed) averiguar porqué el surfista plateado hace esto, y luego, lógicamente, detenerlo, tarea poco grata y muy compleja, que librará ante los ojos del espectador un festín de increíbles efectos especiales.

No mucho más que eso es la segunda parte de esta saga, pero tampoco mucho menos. Un film entretenido, pochoclero y pasatista, al cual quizás le hubiese venido bien un director más personal como, por ejemplo, el gran Sam Raimi.

     

"Fantastic Four: Rise of the Silver Surfer" -trailer-