Yimou, el santo de la espada

por Daniel Castelo

La maldición de la flor dorada (Man cheng jin dai huang jin jia) China / Hong Kong. 2006. 114` Dirección Zhang Yimou. Guión Yimou & Cao Yu. Montaje Cheng Long. Fotografía Zhao Xiaoding. Música Shigeru Umebayashi. Con Yun-Fat Chow, Li Gong, Jay Chou, Ye Lui. Estudio Beijing New Picture Film Co.

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Mezcla de universo shakespeareano con culebrón vía México, este broche a la trilogía que Yimou inició con Héroe y La casa de las dagas voladoras, es un elogio constante del exceso posmoderno, de la mezcla de géneros y el pastiche.

La trama nos expone una historia de lucha sin límites por el poder, donde juega el edipo, los celos criminales y la mentira como herramienta de juego constante. Tenemos en el tablero a un emperador de mano firme y continuo gesto adusto. En la vereda de enfrente, a su mujer -medicada con raíces mortales- y a una descendencia confusa y con derrotero existencial incierto. Y todo esto sólo para empezar.

Uno podría afirmar sin demasiado miedo al error, que La maldición de la flor dorada se anota varios puntos como candidata a clásico del cine chino. Tiene de todo casi en proporciones justas si no tuviera momentos tan bizarros como aquel en que se devela algún secreto oscuro, o una pelea entre un samurai todo terreno y cientos de tipos con armadura plateada, o unos atacantes voladores vestidos de negro y armados para matar... etcétera.

La primera mitad el film es un drama abroquelado, la segunda, una batalla constante, explícita y feroz. Pero lo que une a los dos grandes segmentos del film es la militancia cuasi radical de Zhang Yimou en el esteticismo. En la película toda manda la fotografía y la composición de cuadro, al punto que prácticamente cualquier plano de los 114 minutos de cinta, podría ser una excelente pieza de fotografía.

En esa magia visual nos envuelve este director, que cuenta una historia de guerreros, traición y muerte (podría hacerse algún link a Gladiator, pero el bueno de Riddley Scott perdería por knock out) como pocos lo han hecho hasta el momento.

Y los méritos de este film podrían seguir siendo enumerados; es fácil caer rendido ante tanto amor por las posibilidades del arte cinematográfico, donde las palabras, la acción y la imagen se funden con semejante fluidez. Pero qué mejor que dejarse envolver por una película que estará allí siempre que uno busque un poco más que aquello que la medianía reinante tiene para darnos.

Yoimou parió una obra de posible referencia en el futuro. O quizá sólo un trabajo para cinéfilos que quieren espadazos y un poco de visceralidad inteligente. O quizá las dos cosas. Sea lo que sea, es demasiado, Mr. Zhang.

     

"La maldicion de la flor dorada" -escena de 7´-