El lado oscuro de la corrección

por Mariano Torres

Tirador (Shooter) EE.UU. 2007. Dirección Antoine Fuqua. Guión Jonathan Lemkin. Basado en la novela "Point of Impact". Montaje Conrad Buff IV & Eric A. Sears. Fotografía Peter Menzies Jr. Música Mark Mancina. Con Mark Mahlberg, Michael Peña, Danny Glover, Kate Mara, Elias Koteas, Rhona Mitra, Ned Beatty, Tate Donovan. Producción: Paramount Pictures.

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En tiempos donde lo políticamente incorrecto se ha vuelto moneda corriente (al punto de funcionar, de hecho, como exactamente lo contrario), Shooter da en el blanco al manejar con increíble eficacia narrativa una trama que no decae en ningún momento y coquetea con alguna que otra moraleja incorrecta.

El nuevo film de Antoine Fuqua (el mismo de Día de Entrenamiento) narra la historia de Swagger, un ex-franco tirador que, en tiempos mejores y más gloriosos, supo alguna vez servir a la “gran” Nación de los Estados Unidos… o al menos eso cree.

En un interesante flashback que sirve como apertura del film, el personaje que encarna el cada vez más sólido Mark Walberg, tras un accidente -que de incidental se sospecha tiene poco-, decide retirarse y recluirse solo en una montaña, al mejor estilo unabomber, en una cabaña alejada de la sociedad. Pero no pasa demasiado tiempo hasta que el gobierno de EE.UU. decide que es hora de que el tirador del título vuelva al juego, solo que, claro, las reglas parecen un tanto confusas.

Un seseoso Danny Glover (¿qué le pasarán a esos labios?) contrata a Swagger para un trabajo aparentemente patriótico, que detrás en realidad esconde una traición inminente que lo pondrá a éste como eje de una conspiración paranoica. Lo que adelanta la intuición del espectador ocurre (acusan al inocente personaje de un acto criminal que no cometió y le implantan armas y pruebas en su contra), y es allí recién cuando, con pulso nervioso y un ritmo vertiginoso, arranca la película.

Comienzan, también, las flotantes preguntas: ¿sirve de algo prestar servicio a un país que luego no devuelve nada? ¿Existirá hoy, a nivel global, alguna idea más ridícula que la del patriotismo? ¿Será posible que los pueblos sean tan ingenuos de seguir creyendo en la democracia?

Si bien es cierto que el film de Fuqua no pasaría un examen de sociología aplicada, también lo es que no lo pretende (al fin y al cabo, se trata de un thriller del mainstream) y que hace mucho más que divertir a fuerza de gatillo fácil. Promediando el final de la película, en un contexto que no adelantaremos para no arruinar el desenlace de la misma, una sola frase clave que dispara hábilmente un personaje resume la esencia del film: “No existe la ley, no se puede pretender que exista. A veces es mejor arreglar las cosas de otra manera”.

¿Apología de la justicia por mano propia? Puede ser. Pero nada más acertado y sincero para los hediondos tiempos que corren.

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