Superpibes al rescate

por Daniel Castelo

Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian (The Chronicles of Narnia: Prince Caspian) EE.UU. / Gran Bretaña. 2008. 147´ Dirección Andrew Adamson . Guión Adamson, Christopher Markus, Stephen McFeely. Basado en la novela de C.S. Lewis. Montaje Josh Campbell, Sim Evan-Jones. Fotografía Karl Walter Lindenlaub. Música Harry Gregson-Williams. Con Ben Barnes, George Henley, Skandar Keynes, William Moseley, Anna Popplewell. Estudio Walt Disney Pictures.

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Película

 

 

 

Los cuatro hermanitos aventureros han vuelto a dar el paso que los transporta al más allá del tiempo y el espacio. Un subte inglés, un episodio de abracadabra, una nueva ventana al universo de Narnia. Cien años pasaron en el mundo de faunos y bestias varias, donde la realidad indica que algo o alguien ha desolado las tierras y arrasado con los personajillos que conocimos en la primera parte. ¿El Caspian del título? Un príncipe al que su tío y tutor quiere asesinar para imponer a su propio hijo en el trono. Pero allí están los niños aventura para intentar impedir tal atropello.

Andrew Adamson (el mismo de las dos primeras partes de Shrek) se hizo de los elementos básicos de esta historia fantástica creada por el practicante católico C.S. Lewis, quien en este segundo texto de la saga apenas dejó entrever su entrega religiosa. Y el realizador hizo bien lo suyo, cumplió, terminó la tarea con un suficiente como nota.

La película se desarrolla por medio de un largo relato plagado de momentos de acción trepidante y aventura fantástica al estilo de la primera parte, aunque aquí la ampulosa puesta en escena incluye un nivel de violencia superior, con cabezas rodantes, hachazos y espadazos por demás. Eso sí, vale aclarar que la sangre escasea, al mejor estilo Lord of the Rings, donde los enfrentamientos y la cantidad de cadáveres no se veían reflejados en el volumen de hemoglobina derramado.

No hay mayores sorpresas más allá de la presentación de algún que otro fauno, un par de bestias listas para la lucha y el príncipe ya mencionado. Sin embargo, la aventura cuenta con un trabajo visual que supera lo conocido en la entrega anterior, con un afinado seleccionado de FX que logra complementarse con lo un tanto escueto del trabajo argumental.

Pero más allá de cualquier exigencia cinéfila, del menor complot intelectual contra la idea de cine industrial que Narnia y su mundo filmado representan, hay algo que hace al film tan irresistible como los cuentos para ir a dormir, y es que la cosmogonia fantástica está representada con más dicha que perfección, con más placer lúdico que cálculo. O al menos esto es lo que transmite la cinta y que uno, espectador que por una vez elige dejar la malicia en el puesto de pochoclo, prefiere aceptar y hasta hacerlo carne al menos hasta que el the end llegue para arruinarlo todo.

     
 

"The Chronicles of Narnia: Prince Caspian" -trailer-