Killer Klowns From Outer Space EE.UU. 1989. 90 ´ Dirección Stephen Chiodo. Guión Stephen, Charles & Edward Chiodo. Montaje Chrstopher Roth. Fotografía Alfred Taylor. Música John Massari. Con Grant Cramer, Suzanne Snyder, John Allen Nelson, John Vernon, Royal Danon. Estudio Chiodo Brothers Productions.
Sangre
Ácido
Humor
Sexo
Película
Años 80 en todo su esplendor: una parejita dispuesta a hacer de las suyas
en el asiento trasero del coche divisa un aparente meteorito que colisiona
en las cercanías. Como no podía ser de otra manera, la naturaleza curiosa
de los tórtolos los impulsa a buscarlo.
Lo que sucede a continuación es el improbable
puntapie inicial del film: en el centro de un bosque se topan con una carpa de circo y, divertidos por lo raro del paradero y el aspecto de la tienda, el muchacho insiste a su chica
con entrar, aunque ella, con su radar femenino de ondas "algo-no-anda-bien", se
niega. Claro que al final termina cediendo, sino no habría
película...
De turistas en la carpa se encuentran con un paisaje peculiar, bastante mas
bizarro que cualquier circo: tecnológicos y coloridos aparatos,
depósitos de algodón de azúcar conteniendo jugosos cadáveres y, por
supuesto, los tripulantes (tripulantes se puede decir, porque a esta altura los
chicos que son boludos pero no tanto, ya se han percatado de que
están en un OVMI -Objeto Volador Medio Identificado).
Estos extraterrestres, ridículamente tétricos, podrían ser la perfecta explicación
a la ya famosa payasofobia que muchos de nosotros sufrimos en nuestra infancia.
Obesos, deformes, ojerosos y con años de no acudir a un dentista; los tipos
saben como hacer su trabajo.
El resto de la película podría resumirse en una serie de asesinatos a punta
de pies, sombras chinas y cosas por el estilo, mas un despliegue de
personajes que compiten entre si en materia de lo absurdo: desde los
hermanos Terenzi, dos heladeros losers obsesionados con conseguir damas,
que tienen su cuota de heroismo, quizá no tanto por contribuir a la lucha
contra el contingente payasil, sino por encamarse con dos femmes de esa misma
especie; hasta el cana corrupto y oxidado que se niega a creer en la invasión
circense, todos los personajes -que de todas formas no son tantos- tienen su
cuota de genial patetismo.
Los Chiodos, dudosos humanos directores (el apellido los delata) invitan al
espectador a adorarlos por la combinación del absurdo de la trama y lo
excelentemente bizarro del maquillaje y la escenografía, o a putearlos exactamente
por lo mismo. O simplemente a sentarnos, horrorizarnos, y reirnos un
rato. La decisión queda en manos del espectador.
Bonus Track
- Si después de mirar esta película tienen el irrefrenable impulso de
empezar a ver con otros ojos a todo Mickey, Barney o Piñón Fijo que vean
por la calle, no se preocupen. Es muy normal