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Ant
Bully: Las aventuras de Lucas
(Ant
Bully) EE.UU. 2006. Dirección y Guión John
A. Davis. Basado en un libro de John Nicke. Montaje Jon Price.
Fotografía Ken Mitchroney. Música John Debney.
Voces Julia Roberts, Nicolas Cage, Meryl Streep, Zach Tyler.
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Este es un año
donde el cine de animación ha dicho presente con fuerza y en numerosas
oportunidades.
En medio de una andanada que termina metiendo muchos títulos en
una gran bolsa donde se mezclan
trabajos de calidad con bodrios soporíferos, el caso de Ant
Bully es más que una gran noticia.
Lucas
es un niño bastante retraído, con lentes de nerd y al que
los chicos más heavys del barrio tratan mal: todo un loser. Su
vida social se limita a su familia y un mal día, tras el ataque
de la
pandilla de turno, hace catarsis descargando su pistola de agua
sobre un hormiguero instalado en el jardín del frente de su hogar.
Ese hormiguero, a su vez, es habitado por un mundo de insectos
laboriosas y que rápidamente recuerdan al hit de Dreamworks
Antz. Allí hay toda una comunidad, y entre todos vive un
hechicero que no dejará pasar el ataque del pequeñuelo.
Así es
que la hormiga con poderes elucubra un brebaje que no tarda en llegar
al pobre Lucas. El efecto del
preparado, que Lucas no ingiere sino que le es introducido por su pequeña
orejita, nos recuerda a otro
film, en este caso de la factoría Disney: Querida, encogí
a los niños. Y allí va Lucas rumbo al hormiguero,
arrastrado por un grupo de microseres que deciden juzgarlo luego del atentado.
Especie de gran secuela compilatoria-superadora (consigue todo lo que
los films mencionados antes no
supieron, no quisieron o no pudieron hacer) y a la vez enorme obra para
el público infantl y para todo
aquel seguidor de la buena animación, este trabajo de la Warner
confirma que técnicamente las cosas
se hacen cada vez mejor, y que Pixar dejó de ser imprescindible.
Pero más allá de las delicias hi-fi, Ant Bully es
placer puro para el público adulto. Hay detalles de humor
negro que otros films del género no se animan a incluir (en un
momento un simpaticón bichito del
hormiguero es fatalmente alcanzado por un rayo de sol, sin que a nadie
del entorno le importe) y hay,
sobre todo, una interesante idea que da vueltas todo el tiempo en la trama:
alguien por ser más grande y
poderoso no tiene derecho a destruir al más pequeño.
En medio de la paranoia bushiana, los complots permanentes y las invasiones
justificadas a países que
un occidental promedio no puede ubicar en el mapa en menos de diez minutos,
una película que apuesta
por un mensaje semejante merece al menos un breve reconocimiento.
Las
hormigas en cuestión viven en comunidad, su "arma de
destrucción" potencial es el ser insectos que molesta a Lucas
simplemente porque están en su jardín. El chico ataca, invade,
ejecuta su bombardeo masivo en respuesta a los golpes que
sufrió de parte de otro.
Después, con el niño ya dentro del agujero que intentó
destruir,
llegará una cierta redención -propia de las aventuras infantiles,
claro está- y un nuevo enemigo que, más grande y poderoso,
intentará eliminar al hormiguero. Pero esa es otra subhistoria.
Ant Bully es una gran película de animación, con
un humor aceitado al máximo y personajes queribles
desde la primera aparición. Tanta coincidencia de buenas nuevas
parece demasiado. Y lo es.
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