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Casino Royale |
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Esto con Connery no pasaba |
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Caso extraño el del señor Bond. Demasiado rubio, demasiado musculoso, con las orejas demasiado separadas del cráneo y con demasiada cara de ruso malo para hacer de inglés bueno. Porque Casino Royale es un film demasiado largo para lo que tiene por contar, y para colmo en su última media hora lo hace con tropiezos (el guión es uno de los peores de la saga), superponiendo y forzando una historia de amor a la que le aceleran los tiempos por todos lados. Pero más allá de eso el film de Martín Campbell (el mismo que filmó Goldeneye, quizá la única Bond floja de la etapa Brosnan) es efectivo en los pasajes que alinean al nuevo agente con la historia del personaje, algo que, en dos horas y media de cinta, sin embargo no sucede con demasiada convicción. La historia -como siempre- gira en torno a conflictos internacionales, intrigas donde se mezclan dinero, placer y mujeres, y alguna bomba o cuestión de similar importancia dramática como para sustentar el relato hasta los créditos finales. Aquí este flamante Bond, recién ascendido a agente 00 por el servicio secreto inglés, va tras la pista de un anónimo personaje escondido detrás de un fabricante de bombas, pista que derivaría en atentados masivos y cuestiones multimillonarias y de, se supone, alta peligrosidad para el mundo civilizado, católico, apostólico y romano (entiéndase Estados Unidos y Europa).
Las chicas, como siempre, bien elegidas, con una obligada latina para el aperitivo y una femme fatale de las más bonitas de la saga (Eva Green, la que nos enamoró a todos en Los soñadores de Bertolucci) para el plato fuerte. Y este James, para colmo de males cae en las redes de las feromonas como nunca le sucedió. El resultado sólo vale descubrirlo en pantalla, aunque quizá en vista de lo descripto, lo mejor puede que sea esperar a una cómoda y relajada versión en DVD, cosa que de paso nos puede aclarar un poco más la elección del nuevo señorito inglés.
James Bond, ese eterno ave fénix que muere y renace permanentemente de sus cenizas, regresa –una vez más- y con un nuevo y completamente renovado look. Pero esta vez, es en serio. O casi.
Atrás quedaron los guiños de galán que se las sabe todas, el aire de ganador indomable que usa y abusa de las mujeres a su antojo (y encima, es amado por todas éllas), y las armas ridículas, los autos invisibles y los villanos absurdos. Todo en Casino Royale, por más que por momentos haya situaciones altamente inverosímiles típicas del género de espionaje, está mucho más medido.
La violencia es cruda, no fashion. Las peleas parecen reales, y no coreografiadas. Daniel Craig es un buen agente, uno muy bueno, de hecho, y el traje de Bond le sienta perfectamente. Eva Green, la femme fatale francesa de Los Soñadores de Bertolucci, es una imponente chica Bond que entre escotes y caprichos se rehúsa a los encantos de 007, para luego obviamente caer en ellos.
Pero, si todo esto funciona, ¿dónde está el problema de esta nueva entrega de la franquicia? En el guión, lamentablemente, pilar de una estructura que se cae a pedazos como las construcciones de Venecia que se derrumban durante la película. Las situaciones suelen ser, cuando no obvias, predecibles, y particularmente los diálogos suenan totalmente prefabricados: las escenas donde el nuevo/viejo (recordemos que, después de todo, esto es una precuela) James Bond susurra palabras de amor a su chica son, cuando menos, lamentables. Los momentos donde se comprende porqué es clave el nombre de Casino Royale se extienden tanto como una interminable partida de póquer trunca y eterna, y las emociones canalizadas en frases rebuscadas se pierden justo cuando los actores estaban interpretándolas correctamente sin necesidad de abrir la boca.
Echesele la culpa a Paul Haggis (el sobrevalorado director de Crash y guionista de la venidera Flags of our fathers, del cada vez más pomposo y chauvinista Clint Eastwood), o a la tambaleante dirección de Martin Campbell, hábil para la acción pero nulo para el desarrollo de personajes. O quizás, simplemente, la culpa sea de un cambio de rumbo interesante, pero al cual aún le hace falta ajustar detalles.
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Sitio oficial: http://www.jamesbond.com/ |
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