Casino Royale
(ídem) EE.UU. / Gran Bretaña / Alemania / República Checa. 2006. Dirección Martin Campbell. Guión Paul Haggis, Robert Wade, Neal Purvis. Montaje Stuart Baird. Fotografía Phil Meheux. Música David Arnold. Con Daniel Craig, Eva Green, Mads Mikkelsen, Judi Dench, Jeffrey Wright, Giancarlo Giannini, Caterina Murino, Ivana Milcevic.

Esto con Connery no pasaba
por Daniel Castelo

 

Caso extraño el del señor Bond. Demasiado rubio, demasiado musculoso, con las orejas demasiado separadas del cráneo y con demasiada cara de ruso malo para hacer de inglés bueno.

Caso raro también el del concepto aplicado a esta nueva aventura del agente secreto más conocido de la historia del cine. Una trama que no termina de resolverse y un perfil de violencia y preponderancia de lo físico como nunca se vio en la saga. ¿Una de James Bond o una de Ethan Hunt? Por lo visto, más cerca de lo segundo que de lo primero, aunque si se tratara de Misión imposible, uno hubiera extrañado el dinamismo narrativo de John Woo o la eficacia magistral de Brian De Palma, cosa que aquí no están presentes.

Porque Casino Royale es un film demasiado largo para lo que tiene por contar, y para colmo en su última media hora lo hace con tropiezos (el guión es uno de los peores de la saga), superponiendo y forzando una historia de amor a la que le aceleran los tiempos por todos lados. Pero más allá de eso el film de Martín Campbell (el mismo que filmó Goldeneye, quizá la única Bond floja de la etapa Brosnan) es efectivo en los pasajes que alinean al nuevo agente con la historia del personaje, algo que, en dos horas y media de cinta, sin embargo no sucede con demasiada convicción.

La historia -como siempre- gira en torno a conflictos internacionales, intrigas donde se mezclan dinero, placer y mujeres, y alguna bomba o cuestión de similar importancia dramática como para sustentar el relato hasta los créditos finales.

Aquí este flamante Bond, recién ascendido a agente 00 por el servicio secreto inglés, va tras la pista de un anónimo personaje escondido detrás de un fabricante de bombas, pista que derivaría en atentados masivos y cuestiones multimillonarias y de, se supone, alta peligrosidad para el mundo civilizado, católico, apostólico y romano (entiéndase Estados Unidos y Europa).

El inglés Daniel Craig (Munich, Road to Perdition) es, pese a ser el héroe en cuestión, algo así como el malo de una película que se juega fuera de campo. Todos queríamos a Brosnan, casi todos lo indicaban como uno de los dos o tres mejores 007 de la historia, y en más de un caso se lo señaló como el mejor de todos (perdón, Sir Connery). El caballero cumple bien su labor desde lo actoral, aportando cara de póquer y algunas frases apropiadas bien dichas, aunque, claro, cuesta adaptarse a un perfil de agente tan diferenciado de lo visto en las 26 películas anteriores.

Las chicas, como siempre, bien elegidas, con una obligada latina para el aperitivo y una femme fatale de las más bonitas de la saga (Eva Green, la que nos enamoró a todos en Los soñadores de Bertolucci) para el plato fuerte. Y este James, para colmo de males cae en las redes de las feromonas como nunca le sucedió. El resultado sólo vale descubrirlo en pantalla, aunque quizá en vista de lo descripto, lo mejor puede que sea esperar a una cómoda y relajada versión en DVD, cosa que de paso nos puede aclarar un poco más la elección del nuevo señorito inglés.

 

¿Otro día para renacer
--por Mariano Torres

James Bond, ese eterno ave fénix que muere y renace permanentemente de sus cenizas, regresa –una vez más- y con un nuevo y completamente renovado look. Pero esta vez, es en serio. O casi.

 

Atrás quedaron los guiños de galán que se las sabe todas, el aire de ganador indomable que usa y abusa de las mujeres a su antojo (y encima, es amado por todas éllas), y las armas ridículas, los autos invisibles y los villanos absurdos. Todo en Casino Royale, por más que por momentos haya situaciones altamente inverosímiles típicas del género de espionaje, está mucho más medido.

 

El cambio se hace notable ni bien comienza el film, con un Bond realizando sus primeros trabajos como súper agente secreto. Con un estilizado blanco y negro, Daniel Craig, el nuevo espía no tan seductor, toma su arma y se carga sobre el hombre sus dos primeros trabajos non-sanctos. El inicio de una carrera secreta, y un pase seguro al peligro. Pero como dice M (la siempre correcta Judi Dench) en cuanto a este trabajo, se “extraña la Guerra Fría”: los tiempos han cambiado, la amenaza soviética ha perecido, y hoy lo que queda son mal vivientes terroristas con afán de dominar el mundo (o volarlo en mil pedazos si no pueden). Garantía de explosiones, sí, pero no tanto de emoción.

 

La violencia es cruda, no fashion. Las peleas parecen reales, y no coreografiadas. Daniel Craig es un buen agente, uno muy bueno, de hecho, y el traje de Bond le sienta perfectamente. Eva Green, la femme fatale francesa de Los Soñadores de Bertolucci, es una imponente chica Bond que entre escotes y caprichos se rehúsa a los encantos de 007, para luego obviamente caer en ellos.

 

Pero, si todo esto funciona, ¿dónde está el problema de esta nueva entrega de la franquicia? En el guión, lamentablemente, pilar de una estructura que se cae a pedazos como las construcciones de Venecia que se derrumban durante la película. Las situaciones suelen ser, cuando no obvias, predecibles, y particularmente los diálogos suenan totalmente prefabricados: las escenas donde el nuevo/viejo (recordemos que, después de todo, esto es una precuela) James Bond susurra palabras de amor a su chica son, cuando menos, lamentables. Los momentos donde se comprende porqué es clave el nombre de Casino Royale se extienden tanto como una interminable partida de póquer trunca y eterna, y las emociones canalizadas en frases rebuscadas se pierden justo cuando los actores estaban interpretándolas correctamente sin necesidad de abrir la boca.

 

Echesele la culpa a Paul Haggis (el sobrevalorado director de Crash y guionista de la venidera Flags of our fathers, del cada vez más pomposo y chauvinista Clint Eastwood), o a la tambaleante dirección de Martin Campbell, hábil para la acción pero nulo para el desarrollo de personajes. O quizás, simplemente, la culpa sea de un cambio de rumbo interesante, pero al cual aún le hace falta ajustar detalles.

 

Sitio oficial: http://www.jamesbond.com/

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