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Vuelo
93
(United
93) EE.UU. / Gran Bretaña / Francia. 2006. Dirección
y Guión Paul Greengrass. Montaje Clare Douglas, Richard
Pearson, Christopher Rouse. Fotografía Barry Ackroyd. Música
John Powell. Con Christian Clemenson, Trish Gates, Polly Adams,
Cheyenne Jackson, Gary Commock, Opal Alladin, Nancy McDoniel, David Alan
Basche.
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Estamos ante
la primera película hecha para cine sobre el ataque terrorista
del 11 de septiembre de 2001
a las Twin Towers. Teniendo en cuenta el momento patrioteril que viven
los Estados Unidos y la fobia que
le tiene su población y gobierno a todo lo que venga de fronteras
afuera, un film sobre la herida más
grande sufrida por ese país en mucho tiempo, daba para cualquier
cosa. Y para cualquiera de las peores.
Pero este
film de Paul Greengrass (The Bourne Supremacy) es una remarcable
pieza de buen cine, más allá de la lectura política
que pueda tener el hecho de que la hipótesis en la que se apoya
(el avión no cayó por los supuestos misiles arrojados para
que no impacte en el Capitolio sino por el caos en la cabina del piloto)
la pueda volver una pieza más de la movida oficial del Estado norteamericano.
El film nos cuenta los hechos en lo que parece ser tiempo real. El
relato comienza con la tensión histérica de varias torres
de
control que ven como aviones que deberían estar en otro lado, están
ahí, en ese lugar incómodo que evidentemente denota un posible
problema mayor.
No tardan mucho los controles civiles y militares en ubicar la causa de
los desvíos: hay varios aviones
secuestrados y su destino final es desconocido. Todos sabemos lo que sucedió
finalmente. Pero nuestros personajes no. Y cómo Greengrass logra
destrozarnos los nervios durante una hora y
media es otro de los méritos excluyentes.
¿El gobierno de George W. Bush dejó hacer? ¿Se dio
la orden de derribar los aviones pero las fuerzas
militares esperaron demasiado? ¿Los terroristas eran en realidad
empleados de la C.I.A. en la misión
más miserable de autoataque de la historia de la humanidad? ¿Todo
se trató de un gran plan para
justificar el posterior ataque masivo a Irak? ¿Bil Laden es una
marioneta made inUSA?
NInguna de estas preguntas tiene respuesta en Vuelo 93, película
que toma los hechos por todos
conocidos y los transforma en una película de acción frenética
y visceral. Hay drama también, y debe haber en las salas pañuelos
listos para contener las lágrimas incluso de los más feroces
críticos del imperio del norte.
Greengrass
contó para elaborar el guión con las conversaciones que
algunos de los pasajeros del fatídico vuelo mantuvieron por teléfono
celular con sus familiares en tierra. Sí, las líneas de
diálogo que escuchamos en el film son iguales a las que dijeron
aquellos que rato después se estrellarían contra el suelo.
No hay resistencia posible. Sea Vuelo 93 parte de la campaña
de prensa de Bush o simplemente un trabajo cinematográfico honesto
sobre los atentados de 2001. El film golpea y la distancia
que uno puede tomar de los actores en un primer momento por ser todos
cuasi desconocidos, se achica en pocos segundos gracias a la pericia de
una dirección que nos pega cara a cara con seres desesperados y
rápidamente queribles.
El film incluso se toma un permiso, sorpresivo, alejado de cualquier visceralidad
extrema, y es el de pintar a los terroristas -musulmanes ellos, claro
está- sin subrayados ni ridiculeces importadas de las épocas
de guerra fría. No hay caricatura ni malos de comic. El hiperrealismo
de Vuelo 93 es su carta ganadora. ¿Se trata de arte o denuncia
ficcionada? Da igual. Se trata de cine, y ahí no hay caja negra
que pueda rebatir nada.
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