Diamante de sangre
(Blood Diamond) EE.UU. 2006. Dirección Edward Zwick. Guión Charles Leavitt. Montaje Steven Rosenblum. Fotografía Eduardo Serra. Música James Newton Howard. Con Leonardo DiCaprio, Dimon Houson, Jennifer Connelly, Arnold Vosloo.

Superbaby killa´
por Laura Melchior

     


Tercer mundo story: barbarie, poder, humillación, crueldad, identidad y sangre. La pantalla del primer mundo siempre estará fascinada con su alterego, su contraparte, su uña encarnada. Y los estudios dejarán pasar películas que cumplan con la taquilla y no dejen al american way demasiado mal parado, y alguna que otra joya de la incorrección que saben no tendrá el éxito suficiente como para generar problemas.

Ubicándose más cerca de las primeras, el pasado reciente se vuelve presente en esta historia basada en casos reales aunque seguramente retocada: corre 1999 y el despliegue de violencia extrema en Sierra Leona se contrapone a los comentarios de los trajeados miembros de un ente regulador que discuten sobre como suavizar las zonas de conflicto...

Durante un saqueo el pescador Solomon Vandy (Djimon Hounsou) es separado de su familia y obligado a buscar diamantes para el nefasto frente revolucionario RFU que más tarde reclutará a su pequeño hijo como aprendiz de asesino. Solomon esconderá un raro diamante y logrará escapar del lugar pero terminará en la cárcel donde el astuto Danny Archer (Leonardo DiCaprio) se enterará de la existencia de la piedra.

Mientras el pescador se obsesiona por sacar a su familia del segundo campo de refugiados más grande
del continente, el cínico y descreído Archer lo obligará a buscar la piedra creyendo que será su pase de
salida. Archer conocerá a Maddy Bowen (Jennifer Connelly) una periodista con ideales que intenta poner el dedo en la llaga del contrabando de diamantes y que, además de calentar el corazoncito del protagonista, oficiará de ayudante.

El recorrido del trío será una constante lucha por la supervivencia y un desfile de atrocidades varias, siendo el lavado de cerebro infantil probablemente la más llamativa. En este territorio convertido en una especie de “Home of the living dead” donde los periodistas son como un tour japonés ansioso por hacer tomas de explosiones y muertos, no es sensato pensar que las cosas no pueden empeorar...

Aún cuando ya nos había ganado con su violenta performance en Los infiltrados, Leonardo no baja los
brazos literalmente y se calza más músculos para interpretar a este mercenario de forma absolutamente
convincente. El fulgor de este personaje que bien le vale su tercera nominación al Oscar (¿será, será?) sólo se opaca un poco por el fingido acento francés. El ascendente Djimon Hounsou es un muy buen partenaire que agrega la cualidad noble a este dúo con objetivos claros, entendibles e intensos. La marcada diferencia de piel entre estos hombres nacidos en el mismo continente y con una violenta historia familiar en común es el reflejo de dos elecciones de vida diferentes. Connelly aporta su fortaleza y su sensualidad y Arnold Vosloo (La momia) encarna a un comandante retirado instalado en la zona y devenido en avaro terrateniente.

El sonido transforma llanto de niño en el grito de una canción africana, la pólvora prácticamente se respira y la estética de cámara fija y cámara en mano tiene la dosis justa para no confundir a nadie.

El director de otras piezas épicas como Coraje bajo fuego, Tiempos de gloria, Leyendas de pasión y la lograda El último Samurai, se encuentra en la búsqueda de un producto que pueda ser entretenido y moralizador a la vez. El constante cambio de bando e intenciones de los personajes, la deshumanización en pos de adaptarse al entorno y la crueldad implacable hacen del film un producto a toda velocidad que merecía plenamente el descanso de un corte, un final menos hollywoodense y explayado y un tema de ciere que no sea ese gansta rap que pretende ponerle onda.

El alegato es válido, dentro de las criticas hechas desde adentro del mismo sistema, y aunque pueda decirse que hay un regodeo y algunas imágenes que fácilmente podemos imaginarnos, tampoco podemos decir que no hay denuncia.

Probablemente se prohíban los diamantes en la gala de los próximos Oscars pero seguramente regresarán al año siguiente. Y si Sean Penn tiene acceso el micrófono...

Bonus Track

- Corrióse la voz a fin de noviembre de que en un almuerzo de rodaje Leonardo le salvó la vida a su coequiper Djimon. Cuando un hombre armado le apuntó súbitamente él se interpuso a la voz de “me vas a tener que matar a mi primero”. El tipo debe haber sido fanático de Titanic porque al escuchar esas palabras se dió a la fuga. Atribuimos el acto de arrojo al hecho de que Leo puede haber querido compensar a Djimon por el mal por el trato con su personaje.

- El guionista Charles Leavitt tiene en su prontuario a la floja K-Pax (2001), famosa para los argentinos por ser dudosa copia de Hombre mirando al sureste (1986).

- Las escenas en el bar playero donde se conocen Danny y May podrían formar parte de Cocktail si no fuera por el bombardeo de fondo.

 

Sitio oficial: http://blooddiamondmovie.warnerbros.com/

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