Camino
a la perdición
(Road to Perdition) EE.UU. 2002.
Dirección de Sam Mendes. Guión de David Self.
Basado en la novela gráfica de Max Allan Collins & Richard
Piers Rayner. Fotografía de Conrad L. Hall. Montaje de
Jill Bilcock. Dirección de Arte por Richard L. Johnson. Música
de Thomas Newman & John M. Williams. Con Tom Hanks, Paun Newman,
Jude Law, Jennifer Jason Leigh, Tyler Hoechlin, Stanley Tucci.
Hombres de género por Daniel Castelo Todo un reto para Sam Mendes sorprender con un nuevo film luego del suceso que fue Belleza americana, debut cinematográfico que lo lanzó a la fama, el éxito, el dinero y los Oscars (Mejor película, entre otros). Pues bien, el muchacho lo logró. Y con creces.
Camino a la perdición toma su nombre e historia del comic homónimo, contando el derrotero de Michael Sullivan (Tom Hanks), un hombre que a comienzos de los años ´30 trabaja para un señor mafioso (Paul Newman) a quien respeta como al padre que no tuvo, quizás porque se comportó como tal adoptándolo de pequeño. Un buen día (o mejor, un muy mal día) uno de los dos hijos de Micheal se esconde en el asiento del coche que su papá utiliza para salir a hacer "trabajos" nocturnos. La aventura lo lleva hasta la rendija de un galpón, por la que ve como su padre y un compañero de rubro asesinan a un grupo de gente indeseable para el jefe de la banda. Su padre descubre la travesura del niño, pero también la descubre su colega gangsteril, lo que hace que una pequeña picardía infantil se convierta en la pesadilla de nuestro héroe y su familia. Sam Mendes supo plasmar hace un par de años la cara más cínica y podrida de la clase media de los Estados Unidos a través de una familia víctima de sus propia idiosincracia y mediocre way of life, tan american como la panza de Homero Simpson. En este caso, el realizador de origen latino se descubre como un director que puede afrontar un género denso y mañero como el del cine gangsteril y terminar una pieza de factura perfecta, limando cada detalle, elaborando cada plano y construyendo la estructura de los personajes con obsesión artesanal.
¿Podemos hablar de otro artesano del cine? Esto lo dirá el tiempo, pero no quedan dudas de que este tío Sam sabe conseguir lo que se propone. El hombre tomó un comic oscuro y de elaborado trabajo visual y lo transformó en una película de género. La fotografía ocupa en este caso un papel central, gracias al excelente trabajo de Conrad L.Hall, quien nos remite constantemente a la estética casi iconográfica del comic realista, sobre todo en esa lluvia constante que le da a las noches del film una tenebrosidad aún mayor, mojando el metal de las armas como la sangre que empapó el alma de Sullivan, muerto en vida en busca de ese momento en el que pueda hacer su catarsis definitiva, la misma por la cual arrastra a su hijo a una carrera criminal y suicida. Mendes no condena a Sullivan, por el contrario, lo eleva a la condición de héroe romántico, enfrentado a un villano titiritero del poder que poco tardamos en darnos cuenta que de un momento a otro mostrará su carta más nefasta. Aquí juega un rol fundamental la performance de Paul Newman, un grande en la piel del gran villano, que elabora un perfil engañoso y ambivalente, retratando a un elegante malvado que no deja pasar la oportunidad de aplicar su ley marcial, ejecutada por medio de un personaje que suele utilizar sus manos para poner luz e inmortalidad a través de la foto (Jude Law), que manipula el gatillo como quien arranca espíritus inquietos, quizás reafirmando la máxima indígena de que las fotos roban el alma de los retratados. Y su trabajo es precisamente ese. Camino a la perdición es un gran film, un probable clásico dentro del género de hombres de sobretodo, sombrero y metralleta humeante, un ejercicio de estilo trazado a punta de lápiz, carbonilla y una cámara perfeccionista y lista para el gran plano, para el disparo certero, para un trabajo limpio. Pero con enormes huellas de buen cine.
Sitio oficial: http://www.roadtoperdition.com/