Carandiru
(Carandiru) Brasil 2004. Dirección Hector Babenco. Guión Víctor Navas, Fernando Bonassi, Hector Babenco. Fotografía Walter Carvalho . Montaje Mauri Alice. Música André Abujamba. Con Luiz Carlos Vasconcelos, Milton Gonçalves, Ivan de Almeida, Ailton Graça, María Luisa Mendonça, Aída Leiner.

     
   
     Algo huele a podrido en el reino del cine, suspira esperanzado el fantasma de la decadencia,
que persigue con constancia y demasiado exito a los grandes, medianos y pequeños realizadores de
todos los géneros y geografías. Con Carandiru queda claro que a Héctor Babenco el mal
por ahora no lo afectó. El director de El beso de la mujer araña,
entre otros títulos de irregular eficacia, se tomó siete años para
volver al cine, luego de la aceptable "Jugando en los campos del
señor". El resultado apuntala la corriente del nuevo cine brasileño,
retratista de la violencia como síntoma más flagrante de la
descomposición social que hace muchos años vive el país.

El film presenta muchas historias nucleadas en las visitas que
realiza un médico (Luiz Carlos Vasconcelos) a la cárcel de Carandiru, que a principios de los años 90
tenía capacidad para 4500 personas pero albergaba más de 7000. Sida y tuberculosis son los invitados
de honor a ese último festín de muerte que supone cualquier estadía en un presidio. En ese contexto se
desarrolla la pequeña lucha de "el doctor" por llevar algo de dignidad al último orejón del tarro urbano. Y
en torno a eso, se cuentan algunas de las historias de los reos, además de la central, de final en
principio desconocido aunque seguramente amargo. Babenco optó por el desgarro visual, por la sangre como elemento
central de un retrato hiperrealista. Hay ahogo en la cárcel pese al
humor y los momentos de supuestos tonos naif, como por ejemplo
el casamiento del reo autodenominado "Lady Di" (Rodrigo Santoro)
con su pareja, el poco agraciado "Sin chances" (Gero Camilo).
Hay soledad compartida, angustia permanente y muerte segura en
ese pequeño universo de cemento y el director lo muestra con la
crudeza necesaria para tal fin, sin los fuegos artificiales (exagerados
aunque acordes al tono general de la propuesta) de "Cidade de
Deus" pero con la misma, o mayor, contundencia por la que el cineviene apostando en el último tiempo. El montaje se adapta a los personajes y las situaciones que se van desarrollando, sin sobrecargar
demasiado lo que la hemoglobina hace por si sola. No hay mayores matices que los que el rojo shocking
ofrece, mezclado con terribles balaceras oficiales y justicia carcelaria que llegan como para demostrar
que la remanida y snob idea del país tropical como la tierra de la felicidad constante está más cerca
del autismo conceptual, o peor, de una complicidad casi nazi, que de la superficialidad inocente. Los personajes corresponden a un abanico en principio digerible, pero a medida que pasan los minutos
la densidad dramática basal se va transformando en amargura con olor a cementerio superpoblado y de
tumbas abiertas. Casi dos horas y media de fílmico sin cicatrizar, sangrante y doloroso, acribillado por la ley del más
fuerte, con notables secuencias de violencia explicita y gore ¿involuntario?, que posicionan al clásico
director carioca en un nuevo espacio, de bienvenidos extremos posmodernos y militando en el género
del no-género, lo que abre aún más sus ya de por si amplias puertas creativas.

Muriendo en los campos del señor
por Daniel Castelo

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Sitio oficial: http://www.carandiru.com.br/