En defensa del honor
(Hart´s War) EE.UU. 2002. Dirección de Gregory Hoblit. Guión de Billy Ray & Terry George, basado en una novela de John Katzenbach. Fotografía de Alar Kivilo. Música de Rachel Portman. Con Bruce Willis, Colin Farrel, Marcel Iures, Terrence Dashon Howard, Cole Hauser.

  
   
Apología del embole
por Federico Verde
    
   
     ¡Estamos en la grande! ¿Sabía usted que en la segunda guerra mundial los generales nazis a cargo
de los campos de soldados prisioneros eran un ejemplo de justicia, sin importar el origen, raza o credo
de esos prisioneros? Entonces debería repasar algún libro de historia, mi amigo. O mejor se acerca a su
sala amiga a ver En defensa del honor, que por cierto, en este caso es indefendible
     En cualquier película uno elige dónde ubicarse para entenderla,
explicarla y también disfrutarla. Cualquiera sabe que si se entra al
cine a ver un film con Stallone como protagonista, lo más probable
es que pase un rato entretenido (o no, no importa en este caso) y
lejos estará de una reflexión profunda sobre la existencia, por
ejemplo. En este caso, los antecedentes dan cuenta de que es una
película bélica, que el protagonista es Bruce Willis. Ya sentado en la
butaca, enseguida se sabe que no será este el caso en que el cine
replantea los conflictos armados desde el repudio histórico. Se
recurre entonces a la esperanza de que se trate de una simple
película de acción ambientada en la gran guerra, pero tampoco. Ante En defensa del honor los caminos
para lograr esa ubicación están cortados por el aburrimiento. No plantea una revisión de los
acontecimientos sucedidos entre 1938 y 1945, tampoco entretiene con tiros y explosiones, encima es
lenta e inverosímil. ¿Qué le queda?, no mucho, desde ya. 
     En cuanto al cautiverio descripto en el filme, pareciera que la investigación hubiese sido realizada en
la Argentina, especialmente en prisiones VIP, porque como se ve ese campo de soldados detenidos, se
parece bastante al Club Med, cosa terrible si se tiene en cuenta que el nazismo no fue precisamente
blando con sus prisioneros.
     Igualmente, hay que reconocer que el film provoca algún tipo de sentimiento, que es ni más ni menos
que el de la bronca, por lo que uno no queda abandonado en la nada total, algo le pasa con la película. Y
si siente que por algún motivo la película hay que verla, por lo menos espere que salga en video o en
cable, ya que cuando le tire con algo a la pantalla, nadie podrá reclamarle nada, contrariamente a lo que
ocurriría en el cine si un espectador se comporta de ese modo.
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