Enlace
mortal
(Phone
Booth) EE.UU. 2002. Dirección Joel Schumacher. Guión
Larry Cohen. Fotografía Matthew Libatique. Montaje Mark
Stevens. Música Harry Gregson-Williams. Con Colin Farrell,
Forest Withaker, Radha Mitchell, Katie Holmes.
Joel Schumacher decidió volver a la carga,
como lo hizo a mediados de los noventa, a través
de aquella película tan personal como fue Un día
de furia. En el medio hizo algún billete dirigiendo
la saga Batman (ver dossier), pero en ninguno de
esos films pudo transpolar de la pantalla al
espectador esa sensación de ahogo,
violencia
reprimida y explosión
interna que logró en el
film protagonizado por
Michael Douglas.
Resulta que en el
caso de Enlace mortal,
Schumacher recorre
nuevamente ese camino
y parece que no ha
olvidado cuáles son los
pasos para hacerlo con
éxito. Caben muchas
preguntas alrededor de
ese éxito, sobre todo la natural y casi naive, que
sería como se construye. En este caso se apoya
en dos columnas basales: guión ingenioso y
dirección de actores brillante.
En el primer caso, tranquilamente se podría
suponer que con un buen guión en la mano no
cualquiera termina un film ingenioso, y por
supuesto que es así. Es ahí donde juega esta
cualidad que tiene Schumacher cuando no dirige
por los verdes. El director tiene la capacidad de
hacer que el estado alterado de los personajes,
lentamente, se vaya haciendo carne en cada una
de las almas que se encuentran de este lado de
la pantalla. Y en el caso de Enlace mortal, con
muchas limitaciones desde la necesaria dinámica
de cualquier película, porque no hay que olvidar
que el escenario exclusivo es una calle, y, más
particularmente, una cabina telefónica.
Ahí es donde se enlaza la segunda columna
que sostiene el aspecto cualitativo del film: la
dirección de actores. Es increíble como el director
consigue de Colin Farrell dos estados
absolutamente disímiles entre sí en ochenta
minutos. De un mentiroso compulsivo, soberbio,
frío, mal educado y absolutamente despojado de
empatía con el género humano, a un hombre
doblado -si bien por una amenaza concreta de
muerte- por el propio peso de sus formas
anteriores hasta el punto que asume una actitud
casi aniñada que lo muestra en total desnudez.
La historia es simple: un asesor de medios
cuyo mayor tesoro es la mentira ingresa en una
cabina telefónica para comunicarse con una
cliente que él desea convertir en amante. Provisto
de teléfono celular, no se entiende para qué llama
desde el teléfono público, pero su desarrollo de la
mentira compulsiva también está acompañado de
los cuidados que ésta requiere para sostenerse,
dado que si sus llamadas salen desde el celular
tranquilamente pueden ser identificadas por su
esposa en el resumen mensual.
Pero la sorpresa se hace presente cuando
suena ese teléfono público. Y desconcertado ya
cuando se da cuenta al atender que esa llamada
es para él. Un hombre –que durante todo el film
no se lo escucha como alguien del otro lado de la
línea, sino como una voz en off, un narrador
omnisciente de la vida del asesor mentiroso, una
especie de dios personal, con ánimos de castigo-
le avisa que lo está apuntando con un rifle y si no
comienza el camino del sinceramiento total con
el mundo que lo rodea morirá, al igual que si
intenta cortar la comunicación.
Es bueno saber que ya, en junio, tenemos una
de las películas del año. Y es mejor saber que
más allá de si la película guste o no a cada uno
de los potenciales espectadores, nadie podrá
negar ni esconder que durante 80 minutos fueron
presos, como el protagonista, de otro ser humano.
Por suerte, a diferencia del film, en este caso
tiene nombre y apellido: Joel Schumacher.
Presos
del director
por
Federico Verde
Sitio oficial: http://www.phoneboothmovie.com/
Enlace Mortal es una de esas películas de
doble filo. Es un apuesta complicada, aquel
realizador que tome las riendas de un proyecto
semejante puede obtener como resultado la gloria
o el fracaso.
Cuando todo indicaba que Joel Schumacher
se ganaría la ovación mayor, un descuido, un paso
en falso, permite que su film se hunda llevándose
el aplauso, el elogio y la cabina telefónica.
Stu (Farrell) es un publicista sin escrúpulos,
una especie de Jorge Rial en Nueva York, a través
de contactos, mentiras y falsedades, se gana la
vida promocionando artistas de poca monta, de
quienes se aprovecha para su propio bienestar. Su
vida se desarrolla alocadamente a una velocidad
infartante pero es gracias a la comunicación
satelital, los celulares y la tecnología de alta
fidelidad que puede moverse como pez en el agua.
También tiene una hermosa esposa, pero debido
al ambiente en el cual se maneja le es imposible
escapar a las beldades de una joven aspirante a
la fama.
Para evitar que su esposa se entere de las
llamadas que realiza con su amante, todos los
días se introduce en una cabina telefónica y disca
los números mágicos que le comunican con su
nuevo affaire. Es así que un día, luego de su
comunicación, recibe una llamada a este mismo
teléfono. Por el tubo, una voz le advierte que está
siendo apuntado por un rifle de alto calibre y si no
confiesa sus pecados será asesinado sin piedad
alguna. Lo mismo le pasaría si cuelga el teléfono.
A partir de aquí comienza a desarrollarse una
trama que tiene a nuestro protagonista atrapado
en una cabina de la cual no puede salir. A partir
de aquí, la única locación importante que tendrá
la película será esta cabina, y este es un desafío
muy difícil de superar.
A partir de constantes cambios de planos,
cámaras en mano, zooms perturbadores e
inteligentes, Joel Schumacher va transitando un
camino sin la menor cuota de desinterés y/o
aburrimiento. Más bien por el contrario, llega a
crear un estado agobiante y claustrofóbico
altamente apoyado por la excelente labor de un
Colin Farrel en notorio ascenso.
¿Como puede ser
que algo que avanza
de manera trepidante e
incontenible se caiga
en sólo dos segundos?
Fácil, todo se debe a
la falta de ideas, de
resolución, de ingenio
por parte del guionista
de este film, nada
menos que Larry
Cohen.
Todo lo que se venia construyendo se
derrumba debido a una situación inverosímil, que
es la misma que permite llegar a la conclusión del
conflicto y a la resolución final de la película.
El hombre de la llamada telefónica (este film
bien podría ser cruza entre Scream, The Ring y
Seven es sin duda un tipo metódico, inteligente,
que toma todas las precauciones debidas para
que su plan no falle, sin embargo comete un error
infantil y esto permite que sus ideas se vayan al
demonio, con película y todo. Para colmo esta
situación es fundamentada con una línea de
diálogo absolutamente estúpida de este modo:
Forrest Withaker dice “supongamos que el
francotirador es humano y también se equivoca”.
Esta falta de respeto al espectador, que
además nos lleva al final de la historia, son
suficientes para detestar una cinta que tiene todos
los atributos técnicos y humanos necesarios para
hacer un clásico excepto uno: inteligencia.
Número
equivocado
por
Ygnacio Cervio