Mujer fatal
(Femme Fatale) Francia. 2002. Dirección y Guión Brian de Palma. Fotografía Thierry Arbogast. Montaje Bill Pankow. Música Ryuichi Sakamoto. Con Rebecca Romijn-Stamos, Antonio Banderas, Peter Coyote, Eriq Ebouaney, Gregg Henry.

     
   
     Hacía cuatro años que Brian De Palma no dirigía, y su último trabajo había sido ese show de 
yuxtaposición de tics a cargo de Nicolas Cage, aunque dentro de lo que es el cine promedio de hoy, no
dejaba de ser un trabajo atractivo. Pero el alumno que da clases como pocos, el bizarro que metió el pie
en Hollywood mixando formas y artes del suspenso a su manera y capricho, nos debía algo mejor.

     Mujer fatal es la mejor forma que De Palma podría haber
elegido para mutar en esta ocasión. Su filmografía, un refrescante
estallido continuo de técnica y cinefilia, encuentra aquí una nueva
pieza para el cofre de los tesoros. Porque este film "del regreso"
contiene el clasicismo de siempre y a la vez el paso al frente del
cachetazo mainstream, del disfrute industrial y masivo, del
voyeurismo glorificado en la mayor belleza que su cámara ha
sabido encuadrar: Rebecca Romijn-Stamos.

     Rebecca (la Mystique de X-Men), femme fatale del título, es un
rebozante redescubrimiento. Sus curvas, su sex apeal imparable, son el plato central de una trama que
cuenta con mentirosa lineanidad una historia fragmentada en mil y una partes. No hay tregua con la
convención ni pausa en el fast foward de la elegancia avant garde que despliega la pareja De Palma / 
Roijn-Stamos. La mesa está servida y el plato a punto como ninguno. A comer.

     El film comienza con una secuencia brillante que tiene como núcleo central una de las más calientes
y refinadas escenas lésbicas del cine reciente, para culminar en un orgasmo de violencia dosificada y
sexo histérico del bueno. La rubia, protagonista central y excluyente, ladrona de alto nivel y ser sediento
de vida, termina su raid despertando en una cama que no conoce, rodeada de gente que la confunde con
otra persona, pero a la vez sin demasiado ánimo como para explicar que todo se trata de un error.

     Pero De Palma tampoco quiere explicar, al menos hasta que falte poco para el final. El padre de la
criatura recurre a argucias de zorro viejo pero sin faltar a la verdad de su cine y de la lógica interna del
film, que da vueltas en sí mismo pero avanzando, como un remolino que se traga lo que tiene alrededor
(el fuera de campo, en este caso) para alimentar su propia existencia.

     Hay un extra estelar en el film y ese es Antonio Banderas,
como el fotógrafo que será cíclicamente bienvenido y expulsado
de la vida de su compañera/antagonista. Certeras contradicciones.
De Palma no las ahorra tampoco.

     El recorrido que el director hace por las líneas que demarcan a
su personaje central es propio del voyeur que ha construido a lo
largo de más de tres décadas de carrera. La explosión orgásmica
que promete Rebecca de manera constante encuentra respuesta
en ese comienzo antológico y, sobre el final, en un juego de seducción con Banderas y un invitado bonus
track, de una perversión ligeramente infantil, aunque inquietante y efectiva.

     Mujer fatal bien podría ser el último film de don Brian (no es que uno le desee la tumba al maestro,
¡pero que despedida sería señores!) y su carrera cerraría con un sello inigualable. Redondo, caliente y
retroalimentado a base de oficio cinematográfico, con sus dosis de capricho formal pero con la base de
una solidez fílmica como la que pocos directores sostienen hoy en día, esta nueva entrega (y aquí el
término adquiere el significado que emparenta a la obra artística con el desprendimiento de una parte de
su creador) De Palma es la mejor manera de confirmar que el cine de masas sostiene su dignidad
gracias a directores que, como en este caso, saben de que se trata esto de prenderle fuego a la pantalla.

Pantalla caliente
por Daniel Castelo

a ®
volver

Sitio oficial: http://femmefatalemovie.warnerbros.com/