Un
Santa no tan santo
(Bad
Santa) EE.UU. / Alemania. 2003. Dirección Terry Zwigoff.
Guión Glenn Ficarra & John Requa. Fotografía
Jamie Anderson. Montaje Robert Hoffman. Música David
Kitay. Con Billy Bob Thornton, Tony Cox, Brett Kelly, Lauren Graham.
Si bien la navidad ya pasó, estamos en Latinoamérica y no es raro que el ícono importado que
solemos venerar en esta región del mundo tanto como en el resto del planeta, llegue tarde, en medio de
un ataque del calor más irracible y con sidra barata ya vencida.
En este caso Papá Noel, tal como lo conocemos por estos
lares, no es gordo, ni bonachón, ni cariñoso con los niños, ni
tampoco siente el más mínimo acercamiento a lo que se suele
llamar el "espíritu navideño".
Porque Willie (Billy Bob Thornton) es lo más parecido a los
restos humanos de alguien que supo ser un homo sapiens.
Borracho empedernido, ladrón de poca monta, solitario con la
vista puesta en un horizonte que siempre termina siendo
decadente, y portador de una actitud que tiene más de búsqueda
del pronto final definitivo que otra cosa.
La historia que nos cuenta el director Terry Zwigoff (el mismo de la interesante y bastante oscurita
Ghost World) se centra en el derrotero de nuestro personaje principal, quien cada fin de año caracteriza
a Santa Claus en centros comerciales de las rutas yanquies, junto a su compañero de trabajo Marcus
(Tony Cox), un enano que oficia de coordinador de las puestas en escena de cada presentación, además
de ser el colega de Willie en el delicado oficio del choreo, ese que ejercen cada vez que la navidad
termina y concluyen su contrato con el shopping de turno.
El pozo en el que está inmerso nuestro anti héroe es profundo, casi insondable, salvo por los
momentos en que la cámara nos muestra las distintas miserias en las que cae Willie y que tienen como
principal síntoma no las ocasiones en que se mea encima sino el maltrato al que somete a los pobres
pequeñuelos que se acercan a pedirle regalos, a quienes llega a atender en plena borrachera.
A la vida de este poco habitual Papá Noel llega un niño con un leve retraso mental, quien vive con su
decrépita abuela y un mundo de tristes fantasías. Lo bueno (o malo, depende la bonomía y
bienpensantismo de quien vea el film) es que el nivel de guarrada en el que se mueve el personaje no
decae salvo lo mínimo indispensable como para que notemos que es humano.
Billy Bob compone a un personaje que pasa por los
estadíos de villano, antihéroe y héroe en potencia a lo largo de la
película, y precisamente en la primera parada es donde el hombre
nos hace disfrutar más, con su gira por bares, shoppings y chicas
sin destino (o de rumbo dudoso) en un trineo de incorrección y
malas costumbres, llevado por un grupo de renos drogones y que
cagan en el jardín de tu abuelita.
Una historia de la navidad más podrida, donde el arbolito solo
nos depara gusanos y babosas monstruosas, sin Tim Burton en
la dirección de arte y con una puesta formal básica y sin nada que no sea lo necesario para contar la
historia de marras.
Los jingle-bells ya pasaron, las botellas de alcohol vacías se las llevaron los basureros, y el espíritu
navideño fue enterrado hasta la próxima oportunidad. No viene nada mal, entonces, esta pieza de
decadencia e infamia que, pese a una resolución un tanto edulcorada (aunque no tanto, a no temer) es
la patada en el culo más certera que el cine le ha dado al gordo barbudo en mucho, mucho tiempo.
Una
pesadilla antes de navidad
por
Daniel Castelo
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